Blogia
TURCÓN - Ecologistas en acción

Cosas inexplicables

Cosas inexplicables La Provincia, 11-10-2004

Angel Tristán Pimienta

Hay cosas que no se pueden explicar; o, bueno, si se pueden, pero el que no las entiende a la primera, simplemente con verlas, es que necesita un par de hervores. ¿Quién no se turba ante la belleza de una puesta de sol en Las Canteras o en el Roque Nublo? Es innecesario elaborar una tesis sobre ello, sobre este impresionante fenómeno de la naturaleza que combina el movimiento del astro rey con la ´tempestad petrificada´ que asombrara a Unamuno. O la grandeza y misterio de las pirámides del valle del Nilo; o la perfección del David o de la Pietá de Miguel Ángel; o la magnificencia del Partenón, que resistió el paso de los siglos pero no su condición de polvorín forzada por unos hombres imbéciles; o una obra de Wagner, o de Mozart, o de Bethoven; o el misterio del Greco, la sonrisa de la Gioconda, de Leonardo; el grito del Guernika, el pasado que encierra el Museo Canario...

Tampoco debería ser necesario dar explicaciones sobre el necesario respeto que merecen las Dunas de Maspalomas, o las de Corralejo, que no son solamente un patrimonio natural sino, por añadidura, un instrumento fundamental para la industria´ turística. Lo mismo sucede con el paisaje, que no es algo abstracto, gaseoso, sobre el que se pueden hacer enternecedores sonetos y un buen punto cubano puede estar horas y horas tomándolo como inspiración enganchando una décima con otra. El paisaje es sólido, se puede ver y tocar. No es una abstracción metafísica, una ilusión de los sentidos, aunque su contemplación, y su disfrute, produzca sensaciones placenteras y, como diría un poeta, de una elevada espiritualidad que es ajena a la formación intelectual o a la condición social. Ante la grandeza del Nublo o el mar de pinos de Inagua, con el Teide al fondo, sienten igual senmsación el millonario que vive en una mansión de Ciudad Jardín que el conductor de guaguas que habita en una casa del Patronato. Además, cada elemento cumple una función. Hay quienes sostienen, llevando la contraria a la inmensa mayoría de las personas sensatas, que los pinos y otros árboles no productivos son especies innecesarias, a extinguir, porque no crean riqueza. Los pirómanos que asuelan los montes gallegos, valencianos, andaluces, catalanes, tienen este pensamiento, una anormalidad patológica que se cura con años de cárcel. Ignoran el ciclo de la vida.

Los bosques de laurisilva que poblaban buena parte de Gran Canaria tenían una función vivificadora. Formaban, y aun hay relictos que se mantienen milagrosamente en pie, a pesar de los serios esfuierzos de particulares y de corporaciones para exterminarlos, un binomio perfecto con el alisio. Los vientos traen las nubes hasta el frente norte de la Isla, donde se encuentran con la masa arbórea, herencia del cuarternario, y se produce una singular fecundación. La lluvia horizontal queda atrapada en las hojas, baja por las ramas, desciende por el tronco, y penetra en el subsuelo. Diría Calderón que, a continuación, arroyos y manantiales entre flores serpententean. Se evita la desertización, se crea nueva vida. Hasta que alguien entuba un barranco, en los tiles, corta la cadena vital, y contribuye a crear un solar.

Hubo un día en que el legislador quiso ampliar y proteger los recintos naturales que habían quedado a salvo de la especulación urbanística o que se habían recuperado gracias a la visión de hombres providenciales que supieron influir en las instituciones. Las leyes de protección, emanadas casi todas de los gobiernos de Saavedra, intentan salvar para la posteridad todo aquello que merece ser resguardado; siguiendo una pauta común en el resto del mundo, se restringen ciertos usos y costumbres con el objetivo superior de no poner en peligro determinados equilibrios ni abrir la puerta a la progresiva destrucción del entorno natural. Hay enclaves cuya mejor defensa es su característica esencial: el aislamiento y la dificultad del acceso, lo cual no implica ningún agravio ni algo intrinsecamente malo, sino todo lo contrario, en ello estriba precisamente su atractivo. Su ´ser´. Hubo un tiempo en que a alguna lumbrera se le ocurrió tender un puente entre Órsola y La Graciosa; aquel disparate surgido de las profundidades de la olla a presión que era el Ministerio de Información y Turismo con Fraga, afortunadamente no fructificó. Otros genios apostaron por construir un enorme ascensor para coches y guaguas al pie de Tamadaba, en los riscos de Agaete. Eran disparates monumentales que el tiempo y la prudencia se encargaron convertir en desvaído recuerdo.

Pero el virus es mutante y ataca los cuerpos inmunodeficientes, atontados por el cloroformo de un desarrollismo fuera de época y por la falta de lecturas y de viajes aprovechados. Así se llega a considerar necesario asfaltar una carretera literalmente en el quinto pino, en medio de un paraje protegido de las cumbres, o entubar barranco que se ponga por delante o abrir túneles y hacer viaductos para ganar cinco minutos y romper el factor distancia ciudad-campo, lo cual es una elección: que el entorno ahora rural se convierta en vivero de casas garajeras, primero, y en barrios, después. Y el continente en miniatura... "al carajo".

1 comentario

angelica -

me parece chevere que surjan estas preguntas en lo personal si creo en las cosas inexplicables por vivenciaspero lo que mas me intriga es el area 51 un area en u.s.a donde la vijilancia es extrema aun para un area de solo pruebas de aviones de combate si alguien sabe mas de esto escreibame a mi correo angee988@hotmail.com gracias