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TURCÓN - Ecologistas en acción

Un químico cotidiano podría generar cáncer

Un químico cotidiano podría generar cáncer Es el Bisfenol A, presente en envases plásticos y avalado para utilizarse en contacto con alimentos. Científicos de la UNL encontraron que produce alteraciones en ratones. Actúa como un perturbador endócrino y podría generar tumores en mamas y otras glándulas como la hipófisis

Alteraciones mamarias semejantes a las producidas por un efecto tumoral. Ese fue el resultado de un estudio de científicos argentinos y estadounidenses sobre ratones para comprobar los posibles consecuencias negativas del Bisfenol A, un químico muy difundido que se presenta en numerosos recipientes de uso cotidiano.

Según descubrieron un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y de la Tufts School of Medicine de Boston, la sustancia es tan común que hasta se la libera al calentar un recipiente de plástico en el microondas.

Publicado recientemente en "Endocrinology" y comentado por la prestigiosa revista "Nature", el estudio determinó que, tras exponer a ratonas en gestación a dosis mínimas del químico y estudiar las alteraciones producidas en sus crías, "el bisfenol A produce efectos a largo plazo en la glándula mamaria que se evidencian bastante después de finalizada la exposición".

Tal como explicaron al equipo de prensa institucional de la UNL los doctores Enrique H. Luque y Mónica Muñoz-de-Toro, investigadores de la UNL y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el problema es que "si este mismo efecto fuera observado en humanos sugeriría un aumento en el riesgo de padecer cáncer de mama", una posibilidad que se incrementa en el caso que las exposiciones ocurran durante el período prenatal.

El estudio fue realizado en forma conjunta por Luque, Muñoz-de-Toro, y los doctores Carlos Sonnenschein y Ana Soto, argentinos egresados de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que actualmente residen en los Estados Unidos.

Un alcohol avalado

El alerta que dejó la investigación se fundamenta en el hecho de estar ante un compuesto químico con actividad hormonal presente en elementos tan corrientes como los recipientes plásticos (que al calentarse liberan el químico), la pintura que recubre el interior de las latas de conserva, los sellantes dentales y algunos productos farmacéuticos.

De hecho, la propia Cancillería argentina avala la utilización de este alcohol en la lista positiva de polímeros y resinas para envases y equipamientos plásticos en contacto con alimentos que dispone los autorizados para funcionar dentro del Mercosur.

Al parecer, el Bisfenol A actúa como un perturbador endócrino que al ingresar a los organismos vivos altera el funcionamiento de su sistema glandular y puede ocasionar efectos como los comprobados en los ratones de laboratorio.

"Los efectos que describimos en nuestras experiencias ocurren con niveles de BPA similares a los que estamos expuestos cotidianamente", indicaron los investigadores. En el caso de las ratonas estudiadas, fueron sometidas a dosis mínimas de BPA durante el desarrollo embrionario, cuando se forman los órganos.

"Los humanos estamos expuestos permanentemente a los efectos del químico, incluso en situaciones tan cotidianas como calentar comida en un recipiente de plástico (o leche en biberón) en el microondas o cuando recibimos tratamiento odontológico. Y si tenemos en cuenta los resultados en las ratonas, la exposición al BPA sería mucho más perjudicial en mujeres embarazadas por sus efectos sobre el feto en gestación", agregaron.

La presencia del bisfenol A en nuestros organismos ha sido confirmada en un reciente estudio realizado por el Center for Disease Control, de Atlanta, Estados Unidos, que corroboró que el 95% de las muestras analizadas entre habitantes tenían niveles detectables del químico en orina.

En estos casos, "los niveles de BPA en orina representan un mínimo de la exposición real, ya que no se puede asumir que todo el BPA se absorbió y se excretó sin bioacumularse ni metabolizarse en el organismo", explicaron Luque y Muñoz-de-Toro.

El peligro de la exposición

"La exposición prenatal a BPA aumenta la sensibilidad de la glándula mamaria al estrógeno" y, por lo tanto, incrementa los riesgos de tumores mamarios, aún mucho después de que la exposición haya finalizado. "Además los animales expuestos tuvieron un mayor número de estructuras inmaduras en la pubertad y en los adultos; ambas estructuras son los sitios donde se inicia el proceso tumoral mamario, tanto en roedores como en humanos", dijeron Luque y Muñoz de Toro, quienes desde hace años investigan este tema desde el Laboratorio de Endocrinología y Tumores Hormonodependientes (LETH), que funciona en la FBCB.

En experimentos realizados con ratas machos, los científicos demostraron alteraciones importantes también a nivel de la glándula hipófisis (cuyas hormonas regulan la actividad de otras glándulas, como tiroides, suprarrenales, ovarios y testículos) y a nivel del hipotálamo (parte del cerebro que controla el funcionamiento de la glándula hipófisis), incluso mucho después a que la exposición al bisfenol A haya finalizado.

"En ratas macho pudimos demostrar alteraciones en el eje hipotálamo-hipofiso-gonadal y en la próstata que se evidenciaron en diferentes momentos de la vida postnatal mucho después que la exposición a BPA había finalizado; las alteraciones que describimos en la próstata imitan imágenes de lesiones preneoplásicas. En resumen: la exposición prenatal a BPA produce alteraciones estructurales y cambios funcionales que perduran en el tiempo", indicaron los investigadores.

Los perturbadores endócrinos

Muchos de los químicos (como el bisfenol A o BPA) que actualmente se encuentran en el medio ambiente ?y con los cuales estamos en permanente
contacto- tienen acción hormonal e interfieren con el normal funcionamiento del sistema endócrino alterando aspectos decisivos del desarrollo
embrionario: desde la diferenciación sexual hasta la organización del cerebro.

Los perturbadores endócrinos, o gran parte de ellos, tienen acción semejante a la de los estrógenos endógenos y son capaces de interferir en el funcionamiento del sistema hormonal mediante diferentes mecanismos: antagonizando la acción de las hormonas naturales, potenciando su acción, o aumentando o disminuyendo los niveles circulantes de las hormonas endógenas.

Fueron bautizados como "perturbadores endócrinos" en 1991 por un grupo de expertos reunidos en la Conferencia de Winspread (Wisconsin, Estados Unidos), quienes presentaron una serie de resultados particulares en animales de la fauna, como alteraciones en el aparato reproductor, presencia de machos feminizados y alteraciones en el funcionamiento de la tiroides.

Actualmente se han demostrado alteraciones semejantes en animales de laboratorio y en especies de interés zootécnico cuando estos químicos actúan durante la gestación o en las primeras etapas de la vida postnatal, muchas veces sin afectar la salud del progenitor expuesto. Todos estos antecendentes permiten suponer que muchas de estas mismas alteraciones presentes en humanos podrían ser el resultado de estos perturbadores endócrinos.

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Un nuevo estudio cuestiona el uso de bisfenol A en envases plásticos 10 de abril de 2003 XAVIER PUJOL GEBELLÍ El bisfenol A, un compuesto habitual en plásticos de uso común, muchos de ellos de uso alimentario, ha sido de nuevo puesto en duda por la comunidad científica. Un estudio publicado en la última edición de Current Biology evidencia por primera vez que dosis muy bajas de este compuesto son suficientes para causar anormalidades en el desarrollo embrionario de ratones. Bastan concentraciones de 0,02 partes por millón durante cinco a siete días, una cantidad prácticamente indetectable por métodos de análisis convencionales, para que los embriones de ratones de laboratorio presenten una poco común aunque más frecuente de lo deseable anormalidad denominada aneuploidía. En esencia, un error en el mecanismo natural de división celular que se traduce en alteraciones cromosómicas asociadas a la aparición de anormalidades en el feto o a enfermedades de base genética como el Síndrome de Down o distintas formas de cáncer. No es esta la primera vez que se publican resultados que asocian al bisfenol A con anormalidades genéticas o cromosómicas. Pero sí que es la primera en la que la relación se establece inequívocamente: nunca antes se había probado que esta sustancia fuera la responsable de alteraciones patológicas graves y que bastara una exposición mínima, prácticamente inapreciable, para desencadenarlas. Esto es precisamente lo que ha puesto de manifiesto el equipo liderado por Patricia Hunt, investigadora de la Universidad Case Western Reserve (EEUU), en su artículo publicado en la revista Current Biology y cuyos resultados han sido ampliamente destacados por otras publicaciones científicas de gran impacto como Nature. Motivos para ello no faltan. Como destacan los editores de Nature, el bisfenol A es un compuesto químico que lleva años empleándose de forma regular en la fabricación de numerosos productos plásticos gracias a su capacidad como estabilizante. Entre otros muchos, el bisfenol A se emplea en la constitución de resinas epoxi, alquilfenoles, poliéster-estirenos y algunas resinas de poliéster. Estos plásticos son habituales en envases para alimentos, botellas destinadas a bebés, envases plásticos retornables de zumos, leche y agua e incluso contenedores para microondas y utensilios de cocina. Descubrimiento casual

Como describe Hunt en su artículo, el descubrimiento de los efectos del bisfenol A en los embriones de ratones de laboratorio fue un tanto casual. La investigadora, junto con Terry Hassold, consta como una de las más destacadas en la comunidad científica estadounidense en el estudio de fenómenos de aneuploidía y, en especial, de los que conducen a la aparición del Síndrome de Down. En una de sus investigaciones con animales de laboratorio apreció un incremento inusual del número de anormalidades cromosómicas sin que existiera una causa aparente que las provocara. Una revisión en profundidad del procedimiento empleado reveló que el uso inapropiado de un fuerte detergente para limpiar los contenedores de plástico donde tomaban agua los ratones era la única explicación posible para la aparición de tantos casos anormales. Descartado el propio detergente, los investigadores llegaron a la conclusión de que tenía que tratarse de alguno de los compuestos del recipiente, elaborado, como otros muchos, con policarbonatos plásticos. Tras diversos estudios, Hunt y Hassold concluyeron que el detergente había provocado la migración de pequeñas concentraciones de bisfenol A y que la exposición durante pocos días a bajísimas dosis era suficiente para provocar un aumento de los casos de aneuploidía. Dicho de otro modo, que pequeñísimas concentraciones de este compuesto habían pasado al agua de bebida de los ratones y que, como consecuencia, el desarrollo de sus embriones se había visto alterado. A pesar de haber constatado la evidente relación causa-efecto, Hunt se muestra cauta en sus conclusiones. "Todavía es pronto para correlacionar este efecto en humanos", ha declarado a EurekaAlert, una de las principales agencias de noticias científicas en el mundo. De hecho, señala la investigadora, se desconocen los mecanismos biológicos que conducen a la aparición de anormalidades cromosómicas y no hay evidencias de que los mismos efectos puedan darse en humanos. No obstante, agrega, "hay enormes similitudes" en el desarrollo embrionario de ratones y humanos (los ratones están considerados el mejor modelo en este tipo de estudios), por lo que las sospechas "deberían ser tomadas en consideración" para poner en marcha investigaciones específicas destinadas a aclarar este extremo. Por otra parte, el estudio de Hunt es "consistente", según Nature, con los resultados obtenidos en Alemania y Japón en investigaciones orientadas a establecer dosis seguras en humanos. Los resultados de Hunt van en este punto más lejos: "las dosis consideradas seguras deben revisarse", asegura. Motivos de preocupación

Diversos estudios sugieren que la acción del bisfenol A sobre el programa de división celular es indirecto. Debido a su acción estrogénica, se sospecha que actúa de alguna forma en el llamado medio ambiente celular causando una alteración en alguna ruta biológica que, en determinadas circunstancias, desencadena la aparición de anormalidades cromosómicas. Sea cual sea el mecanismo, lo cierto es que la publicación de estos resultados añade nuevos motivos de preocupación. Entre otras razones, porque el bisfenol A está considerado un potente estrógeno artificial y porque su presencia en el medio ambiente es extraordinariamente alta. El bisfenol A fue sintetizado en la década de los treinta como estrógeno sintético. La aparición del dietilbisterol en la misma época, desplazó este tipo de investigaciones hasta que se descubrió que actuaba como estabilizante en la elaboración de policarbonatos plásticos empleados en envases y contenedores de uso común en la industria alimentaria y en el hogar. Estudios posteriores revelaron su utilidad como ingrediente inerte en pesticidas, en especial funguicidas, así como en productos antioxidantes, retardadores de llama (como los usados en equipos informáticos) y estabilizantes de PVC. Su amplio uso, por tanto, asegura una extraordinaria difusión en el medio ambiente. Por otra parte, distintos estudios publicados en los últimos años han evidenciado la relación de este compuesto con alteraciones del ciclo hormonal. Entre otros, investigadores alemanes han puesto de manifiesto la presencia de altas dosis de bisfenol A en sangre y cordón umbilical de mujeres embarazadas y han correlacionado su presencia con la aparición de anormalidades en fetos y recién nacidos. También se ha correlacionado el compuesto con un incremento de cáncer de próstata , de mama y malformaciones reproductivas en distintas especies animales y en humanos.

ESTRÓGENOS ARTIFICIALES El bisfenol A se encuadra en la categoría de los denominados estrógenos artificiales o, como se les ha venido denominando más recientemente, disruptores endocrinos. En general, se trata de productos químicos que mimetizan la acción de los estrógenos naturales (por ello se llaman también xenoestrógenos) y que interfieren en la acción del ciclo hormonal natural. Los efectos nocivos de estas alteraciones llevan evidenciándose desde la década de los 60 en forma de anormalidades genéticas en distintas especies animales. Últimamente, los estrógenos artificiales se han vinculado también al cambio de sexo en peces en distintas zonas del planeta, en especial, en ríos ingleses, alemanes y estadounidenses, donde se ha comprobado la alteración de órganos sexuales de ejemplares machos, sobre todo en truchas. Un equipo dirigido por Damià Barceló, investigador del Centro de Investigación y Desarrollo (CID) del CSIC en Barcelona, demostró hace unos años que este mismo efecto se produce en carpas de ríos españoles y portugueses. El trabajo de Barceló, en colaboración con un equipo danés, tomó en consideración los niveles de vitelogelina en ejemplares macho. La vitelogelina es una proteína cuya presencia en el organismo está regulada por los niveles de estradiol circulante en sangre. El estradiol es una hormona encuadrada en el grupo de los estrógenos. El estudio demostró que los niveles de vitelogelina en carpas macho alcanza niveles que oscilan entre el 30% y el 40%. Los valores considerados normales se sitúan alrededor del 10%. Estas elevadas concentraciones provocan alteraciones del sistema reproductor de los peces, además de la adquisición de atributos femeninos. Dicho de otro modo, los peces macho "se feminizan". En estas condiciones, pierden su capacidad para procrear con lo que la población existente se extinguirá en unas pocas generaciones. El estudio se centró en las concentraciones de nonilfenol en aguas dulces españolas y portuguesas. En el mismo trabajo se consideró la presencia de alquilfenoles y otras sustancias de probados efectos estrogénicos. El bisfenol A forma parte de la composición de muchos alquilfenoles.

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03/05/2005

Compuesto de plásticos podría causar anormalidades en la próstata LUNES 2 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Aún niveles muy bajos de una sustancia química presente en recipientes plásticos y latas de estaño aumentan los riesgos de anormalidades de la próstata en ratones, y puede que también en los humanos, informan los investigadores.

Afirman que niveles fetales de bisfenol A "muy por debajo" de los límites considerados como seguros por la U.S. Environmental Protection Agency se asocian con malformaciones en las próstatas de los ratones en desarrollo, malformaciones que podrían predisponer a estos ratones al cáncer de adultos.

"Tenemos que preocuparnos por la exposición a esta cantidad de bisfenol A, una cantidad que en realidad está por debajo del nivel de la EPA. De hecho, si usted tiene un bebé hoy, tendrá más bisfenol A que los niveles usados en este estudio", apuntó el investigador principal Fred vom Saal, profesor de biología de la Universidad de Missouri.

Además de ayudar a liderar este estudio, vom Saal presentó datos a principios de este año a un comité legislativo especial de California que consideraba pasar un proyecto de ley que prohibiera el bisfenol A en todos los productos usados por niños de 3 años de edad o menos, tal como las biberones y los juguetes de plástico. El comité ya pasó el proyecto, el cual está pendiente de votación en la Legislatura del estado, apuntó.

De acuerdo con vom Saal, el bisfenol A es usado en una sustancia química de tipo de cadena larga utilizada en grandes cantidades por el sector de los plásticos y en latas de estaño durante los últimos 30 ó 40 años.

"Esta sustancia es inherentemente inestable, sin embargo, particularmente si se calienta o si hay algún contacto con una sustancia alcalina o ácida", explicó.

"Lo que es interesante sobre el bisfenol A es que se desarrolló hace muchos años como un estrógeno sintético", añadió el investigador principal Barry Timms, profesor de ciencias biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Dakota del Sur.

De hecho, esta misma molécula es un ingrediente clave de muchos anticonceptivos orales, apuntó, lo que crea otra fuente potencial de exposición fetal en las mujeres que pueden no darse cuenta de que están embarazadas y continúan tomando la píldora.

El dietilestilbestrol (DES), un compuesto estrogénico de estructura muy similar al bisfenol A, ha sido durante mucho tiempo relacionado con un aumento en los riesgos de cáncer de útero y de otros cánceres del tracto reproductivo en las mujeres jóvenes, según los investigadores. Timms dijo que él y vom Saal "también comenzaron a darse cuenta de que los niveles fisiológicos muy bajos de estos estrógenos sintéticos afectaban el desarrollo de la próstata", así que decidieron evaluar al bisfenol A más de cerca.

En su estudio, el cual se publicó en la edición en línea del lunes de Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores administraron a ratonas embarazadas dosis de bisfenol A "por debajo del rango de exposición [presemte] en las mujeres embarazadas".

Informan que los fetos macho obtenidos de estas ratonas embarazadas mostraron malformaciones significativas en la uretra, además de conductos prostáticos anormalmente grandes. De acuerdo con Timms, parece que el bisfenol A estimula en exceso ciertas células prostáticas, lo que aumenta el crecimiento celular.

Eso podría significar que, aún en estas exposiciones tan bajas, los ratones recién nacidos "podrían terminar con próstatas más grandes a medida que envejecen que sus contrapartes [no expuestas]", explicó Timms.

Pero si bien las próstatas agrandadas representan un problema relativamente benigno, no pasa lo mismo con el cáncer de próstata, anotó vom Saal.

"Todas estas hormonas sexuales femeninas hacen lo mismo, elevan los receptores, preparando el sistema de respuesta para las hormonas masculinas de la próstata", afirmó. "Entonces, lo que resulta es un órgano que es hipersensible a las hormonas sexuales masculinas, y ese es un factor de riesgo para el cáncer de próstata". De hecho, las terapias que suprimen las hormonas masculinas son un tratamiento de primera línea para los pacientes de cáncer de próstata.

Steve Hentges, director ejecutivo de la Unidad de Negocios de Policarbonatos del American Plastics Council, que representa al sector, apuntó que este estudio tiene unas cuantas fallas importantes.

En primer lugar, dijo, la caracterización de vom Saal y Timms sobre la dosis que los ratones recibieron como muy baja es "incorrecta en cuanto a los hechos".

"La dosis que se probó en este estudio fue de 10 microgramos por kilogramo de peso corporal", apuntó Hentges. Añadió que un estudio federal reciente que medía los niveles de bisfenol A en la orina humana encontró que "la exposición humana real ha bajado al rango de 20 a 30 nanogramos por kilogramo, lo que es casi 1,000 veces menor a lo que se usó en este estudio".

Hentges también señaló que el modelo de ratones usado en este estudio "no ha sido validado como relevante para la salud humana" y que las malformaciones observadas en los ratones fetales podrían no ser relevantes para su salud como adultos.

Timms estuvo de acuerdo en que la dosis utilizada en el estudio fue más alta que la medida por los investigadores de los U.S. Centers for Disease Control and Prevention. Pero, apuntó, "todavía es mucho más baja que el nivel que ha sido determinado como 'seguro' para los humanos por la EPA. Entonces, independientemente de esto, todavía observamos un efecto en lo que consideramos un nivel muy bajo, y es por esto que elegimos deliberadamente ese rango de dosis".

LUNES 2 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Aún niveles muy bajos de una sustancia química presente en recipientes plásticos y latas de estaño aumentan los riesgos de anormalidades de la próstata en ratones, y puede que también en los humanos, informan los investigadores.

Afirman que niveles fetales de bisfenol A "muy por debajo" de los límites considerados como seguros por la U.S. Environmental Protection Agency se asocian con malformaciones en las próstatas de los ratones en desarrollo, malformaciones que podrían predisponer a estos ratones al cáncer de adultos.

"Tenemos que preocuparnos por la exposición a esta cantidad de bisfenol A, una cantidad que en realidad está por debajo del nivel de la EPA. De hecho, si usted tiene un bebé hoy, tendrá más bisfenol A que los niveles usados en este estudio", apuntó el investigador principal Fred vom Saal, profesor de biología de la Universidad de Missouri.

Además de ayudar a liderar este estudio, vom Saal presentó datos a principios de este año a un comité legislativo especial de California que consideraba pasar un proyecto de ley que prohibiera el bisfenol A en todos los productos usados por niños de 3 años de edad o menos, tal como las biberones y los juguetes de plástico. El comité ya pasó el proyecto, el cual está pendiente de votación en la Legislatura del estado, apuntó.

De acuerdo con vom Saal, el bisfenol A es usado en una sustancia química de tipo de cadena larga utilizada en grandes cantidades por el sector de los plásticos y en latas de estaño durante los últimos 30 ó 40 años.

"Esta sustancia es inherentemente inestable, sin embargo, particularmente si se calienta o si hay algún contacto con una sustancia alcalina o ácida", explicó.

"Lo que es interesante sobre el bisfenol A es que se desarrolló hace muchos años como un estrógeno sintético", añadió el investigador principal Barry Timms, profesor de ciencias biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Dakota del Sur.

De hecho, esta misma molécula es un ingrediente clave de muchos anticonceptivos orales, apuntó, lo que crea otra fuente potencial de exposición fetal en las mujeres que pueden no darse cuenta de que están embarazadas y continúan tomando la píldora.

El dietilestilbestrol (DES), un compuesto estrogénico de estructura muy similar al bisfenol A, ha sido durante mucho tiempo relacionado con un aumento en los riesgos de cáncer de útero y de otros cánceres del tracto reproductivo en las mujeres jóvenes, según los investigadores. Timms dijo que él y vom Saal "también comenzaron a darse cuenta de que los niveles fisiológicos muy bajos de estos estrógenos sintéticos afectaban el desarrollo de la próstata", así que decidieron evaluar al bisfenol A más de cerca.

En su estudio, el cual se publicó en la edición en línea del lunes de Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores administraron a ratonas embarazadas dosis de bisfenol A "por debajo del rango de exposición [presemte] en las mujeres embarazadas".

Informan que los fetos macho obtenidos de estas ratonas embarazadas mostraron malformaciones significativas en la uretra, además de conductos prostáticos anormalmente grandes. De acuerdo con Timms, parece que el bisfenol A estimula en exceso ciertas células prostáticas, lo que aumenta el crecimiento celular.

Eso podría significar que, aún en estas exposiciones tan bajas, los ratones recién nacidos "podrían terminar con próstatas más grandes a medida que envejecen que sus contrapartes [no expuestas]", explicó Timms.

Pero si bien las próstatas agrandadas representan un problema relativamente benigno, no pasa lo mismo con el cáncer de próstata, anotó vom Saal.

"Todas estas hormonas sexuales femeninas hacen lo mismo, elevan los receptores, preparando el sistema de respuesta para las hormonas masculinas de la próstata", afirmó. "Entonces, lo que resulta es un órgano que es hipersensible a las hormonas sexuales masculinas, y ese es un factor de riesgo para el cáncer de próstata". De hecho, las terapias que suprimen las hormonas masculinas son un tratamiento de primera línea para los pacientes de cáncer de próstata.

Steve Hentges, director ejecutivo de la Unidad de Negocios de Policarbonatos del American Plastics Council, que representa al sector, apuntó que este estudio tiene unas cuantas fallas importantes.

En primer lugar, dijo, la caracterización de vom Saal y Timms sobre la dosis que los ratones recibieron como muy baja es "incorrecta en cuanto a los hechos".

"La dosis que se probó en este estudio fue de 10 microgramos por kilogramo de peso corporal", apuntó Hentges. Añadió que un estudio federal reciente que medía los niveles de bisfenol A en la orina humana encontró que "la exposición humana real ha bajado al rango de 20 a 30 nanogramos por kilogramo, lo que es casi 1,000 veces menor a lo que se usó en este estudio".

Hentges también señaló que el modelo de ratones usado en este estudio "no ha sido validado como relevante para la salud humana" y que las malformaciones observadas en los ratones fetales podrían no ser relevantes para su salud como adultos.

Timms estuvo de acuerdo en que la dosis utilizada en el estudio fue más alta que la medida por los investigadores de los U.S. Centers for Disease Control and Prevention. Pero, apuntó, "todavía es mucho más baja que el nivel que ha sido determinado como 'seguro' para los humanos por la EPA. Entonces, independientemente de esto, todavía observamos un efecto en lo que consideramos un nivel muy bajo, y es por esto que elegimos deliberadamente ese rango de dosis".

La contaminación que no se ve

El dietilestilbestrol (DES) fue empleado desde principios de los años 40 y hasta 1971 en mujeres con amenaza de aborto. Esas madres, expuestas a las dosis recomendadas del medicamento, nunca experimentaron efectos adversos en su salud. Sin embargo, sus hijos sufrieron serias alteraciones relacionadas con la reproducción. Así operan los perturbadores endócrinos: no tienen efectos agudos ni inmediatos sobre la salud de los seres vivos adultos, pero sí son capaces de perturbar el funcionamiento del sistema hormonal en el largo plazo y de alterar las señales endócrinas que controlan el desarrollo embrionario del feto cuando éste está expuesto durante la gestación. Muchos de los químicos que actualmente se encuentran en el medio ambiente -y con los cuales estamos en permanente contacto- tienen acción hormonal e interfieren con el normal funcionamiento del sistema endócrino alterando aspectos decisivos del desarrollo embrionario: desde la diferenciación sexual hasta la organización del cerebro. Los perturbadores endócrinos, o gran parte de ellos, tienen acción semejante a la de los estrógenos endógenos (por ello, desde 1980, también se los conoce con el nombre de xenoestrógenos o estrógenos ambientales), y son capaces de interferir en el funcionamiento del sistema hormonal mediante diferentes mecanismos: antagonizando la acción de las hormonas naturales, potenciando o multiplicando su acción, o aumentando o disminuyendo los niveles circulantes de las hormonas endógenas. Estos xenoestrógenos o estrógenos ambientales -que pueden encontrarse en las plantas (fitoestrógenos) o bien ser producto de sustancias químicas generadas por la industria- son capaces hasta de disminuir la producción de espermatozoides en el hombre, según sugiere un estudio realizado por científicos del Medical Research Council de Edinburgo (Reino Unido) y publicado en la revista Lancet. Pero las consecuencias de sus invisibles acciones parecieran ser interminables.

Investigaciones
Aunque pocos tengan noción de su existencia, el bisfenol A es un xenoestrógeno con el que estamos en contacto en nuestra vida cotidiana: los recipientes de plástico liberan bisfenol A al calentarse, al igual que las latas de conserva, también contienen bisfenol A los sellantes que utilizan habitualmente los odontólogos. Y aunque no lo notemos, la exposición a este agente puede generar consecuencias sobre nuestra salud, y fundamentalmente sobre la de nuestros hijos. Trabajos realizados por el Laboratorio de Endocrinología y Tumores Hormonodependientes (LETH), que funciona en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) comprobaron que existen alteraciones en el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal y en dos tejidos hormonodependientes (la glándula mamaria y la próstata) en las crías de ratas sometidas a bisfenol A durante el período de la gestación. Para realizar la experiencia, el equipo utilizó en ratas dosis similares de bisfenol A a las que habitualmente estamos expuestos los seres humanos. Dicha dosis fue administrada a ratas preñadas, por lo que los embriones estuvieron expuestos al xenoestrógeno a través de la placenta. "Encontramos en las crías alteraciones a nivel de la próstata y la glándula mamaria que simulan procesos preneoplásicos, es decir, el inicio de lo que sería un crecimiento anormal en el tejido", indicaron los doctores Enrique H. Luque y Mónica Muñoz-de-Toro, nada menos que "una alteración en la estructura histológica de esas glándulas, que simulan lo que serían los estadios iniciales de un proceso tumoral". Además, "hubo mecanismos celulares a nivel de la próstata que fueron afectados, por lo que es muy probable que estos animales tengan problemas de fertilidad, ya que los componentes del semen fueron afectados y esto podría llevar a una función disminuida de los espermatozoides", agregaron. Los resultados evidencian alteraciones importantes también a nivel de la glándula hipófisis (cuyas hormonas regulan la actividad de otras glándulas, como tiroides, suprarrenales, ovarios y testículos) y a nivel del hipotálamo (parte del cerebro que controla el funcionamiento de la glándula hipófisis).

Por otra parte, los resultados obtenidos demuestran una característica específica de estos perturbadores endócrinos: sus consecuencias son mucho más importantes cuando inciden durante la gestación o en las primeras etapas de la vida y sus efectos se manifiestan con mayor frecuencia en las crías sin afectar la salud del progenitor expuesto. Otras experiencias realizadas por el LETH han demostrado que los xenoestrógenos influyen decididamente en la diferenciación sexual. Tras la exposición a bajas dosis de bisfenol A en su etapa prenatal, crías de Caiman Latirostris (yacaré overo) que debían ser machos (por la acción de la
temperatura) resultaron hembras, algo que se puede atribuir a la acción de los xenoestrógenos en el organismo. "Los yacarés overos definen su sexo por la temperatura a la que son incubados los huevos: el trabajo comprobó que huevos que estaban siendo incubados a temperatura de macho (33ºC), resultaron hembras tras la exposición al bisfenol A", indicaron Luque y Muñoz-de-Toro.

Cada vez más
"Los perturbadores endócrinos ponen en peligro la fauna, la vida humana y la continuidad de la especie, a través de la infertilidad y de las alteraciones en el desarrollo", indicó Muñoz-de-Toro. Sin embargo, pese a las evidencias que surgen de distintas investigaciones científicas, son cada vez más los químicos que crea la industria, y por ende más los peligros a los que estamos expuestos. "Existe algo que se llama principio de precaución: aunque uno no tenga absoluta certeza respecto a qué produce exactamente un determinado químico, pero se han demostrado evidencias de efectos asociados, es aconsejable tomar precauciones. Cuando una actividad es una amenaza de riesgo hacia el medio ambiente y la salud humana, medidas de precaución deberían ser tomadas aún cuando la relación causa efecto no esté totalmente demostrada científicamente", consideró Luque. Pero la industria, desde la vereda opuesta, toma la postura inversa, y exige resultados demostrables y contundentes (similares a los que arrojó el uso indiscriminado de DDT y dietilestilbestrol) para dejar de utilizar un producto. "Las evidencias pueden no ser contundentes, pero muestran que algo está pasando. Y eso debe resultar suficiente para comenzar a tomar medidas", finalizaron los investigadores.

El plástico provoca defectos cromosómicos en ratones

Incluso dosis mínimas de bisfenol A, un compuesto que se emplea en la fabricación de botellas de plástico, son capaces de interferir en la formación de los óvulos en los ratones. Esta alteración resulta en un número anormal de cromosomas lo que, en los humanos, es la principal causa de abortos y de defectos de nacimiento como el síndrome de Down.

La investigadora principal del estudio publicado en 'Current Biology' asegura que «nuestros estudios ofrecen la primera evidencia de que la exposición medioambiental a bisfenol A altera la maduración de los óvulos» y añade que estos resultados «suscitan importantes cuestiones sobre el potencial impacto de esta sustancia en la reproducción humana».

El bisfenol A forma parte de los compuestos tóxicos denominados perturbadores hormonales porque su actividad mimetiza a la de las hormonas femeninas, los estrógenos. El efecto de este tipo de sustancias se ha detectado ya en animales , particularmente en los acuáticos, en los que se han observado modificaciones de los caracteres sexuales.

Los autores del trabajo comenzaron a detectar un número extraordinariamente alto de errores cromosómicos en los ratones de laboratorio que empleaban en sus experimentos. Más tarde descubrieron que la razón de estas alteraciones se encontraba en las jaulas donde vivían los roedores y en las botellas que empleaban para la bebida. El plástico del que estaban hechos ambos elementos estaba dañado y liberaba pequeñas cantidades de bisfenol A. Para confirmar sus sospechas el equipo investigador realizó varios experimentos con diferentes dosis del agente contaminante y durante distintos periodos de tiempo.

Las cantidades que ingirieron los animales y que provocaron aberraciones cromosómicas eran cercanas e incluso, inferiores a las que se consideran seguras en humanos. Además los efectos tóxicos se observaban incluso con exposiciones muy breves al contaminante.

Las alteraciones se producen en una fase de la formación de los óvulos denominada meiosis. En este momento, el núcleo de la células original se divide dando lugar a cuatro células sexuales que deben contener una sola copia de cada cromosoma. El bisfenol A interfiere en el reparto cromosómico de modo que los óvulos resultantes tienen un número erróneo.

Tanto los investigadores como otros expertos en toxicología coinciden en exigir que se revisen los valores considerados seguros para el ser humano e que se empleen otros materiales que no encierren riesgos para la salud. De hecho, el Comité de seguridad alimentaria de la Comisión Europea redujo el año pasado el límite máximo permitido de ingesta diaria de bisfenol A.
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1 comentario

patrizzio subercaseaux -

me gustaria saber los efectos en el ser humano de las resinas de poliester
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