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TURCÓN - Ecologistas en acción

Los 25 'puntos calientes' de la biodiversidad

Los 25 'puntos calientes' de la biodiversidad El País, 8-3-2000

La mayor extinción masiva de especies desde la desaparación de los dinosaurios hace 65 millones de años está seguramente ocurriendo ahora, y por culpa del hombre. Es muy probable además que lo que se ve hoy sea sólo la punta del iceberg que emergerá del todo, según los modelos que simulan el fenómeno, a mediados del próximo siglo. Y para entonces será demasiado tarde. El tiempo que necesitaría el planeta para recuperarse sería mucho más del millón y pico de años que hace que el hombre existe como especie. ¿Cómo abordar el problema? Entre los expertos cunde el realismo, y se asume la imposibilidad de atender por igual a todas las especies amenazadas. Un grupo de científicos ha localizado 25 puntos calientes de la biodiversidad en el mundo.

Un equipo de investigadores británicos y estadounidenses ha enfocado la cuestión como un estudio de mercado, y se ha preguntado: "¿Cómo podemos proteger el mayor número de especies por dólar invertido?". La respuesta, publicada en la revista Nature (24 de febrero), es una propuesta para concentrar los esfuerzos de protección en 25 puntos calientes de la biodiversidad del planeta seleccionados por ellos. Son áreas que cubren apenas el 1,4% de la superficie total del planeta, pero que albergan el 44% de las especies vegetales terrestres y el 35% de los vertebrados (sin contar los peces).

"Se dice a menudo que, si la extinción masiva de especies sigue al ritmo actual, entre uno y dos tercios de las especies corren grave riesgo de desaparecer en un futuro próximo", dicen los investigadores Norman Myers, Russel y Cristina Mittermeier, Gustavo da Fonseca y Jennifer Kent, de la Universidad de Oxford y de la organización Conservación Internacional. "Nuestro análisis indica que parte de este problema se puede paliar protegiendo los 25 puntos calientes seleccionados".

Es una estrategia que llaman de "bala de plata": esfuerzo de máxima eficacia frente a actuaciones en áreas dispersas y a menudo delimitadas por las fronteras. Y se justifica precisamente por la propia existencia de los puntos calientes : los biólogos saben que las especies cuyo hábitat está limitado a regiones pequeñas son también las más sensibles; la pérdida de la cubierta vegetal de un punto caliente de biodiversidad es mucho más grave que la urbanización de un área de superficie mucho mayor pero más uniforme.

Los investigadores recurrieron a más de un centenar de expertos en las áreas implicadas, así como a 800 fuentes bibliográficas, para seleccionar los puntos calientes . El problema de la desigualdad de datos disponibles por áreas no les ha impedido llegar a conclusiones. Los puntos calientes seleccionados están repartidos por todo el planeta y cubren diferentes áreas climáticas: las montañas del Cáucaso, partes de California, la cuenca mediterránea -que incluye toda la mitad sur de España- y los trópicos.

Especies endémicas

En la selección se han seguido dos criterios: los puntos calientes deben contener como endémicas al menos un 0,5% de las 300.000 especies vegetales en el mundo. De hecho, 15 de las 25 áreas elegidas contienen al menos 2.500 especies vegetales endémicas, y el resto, unas 5.000 especies. Otra condición para ser punto caliente es que debe haber perdido ya más del 70% de su vegetación primaria.

Trece de los puntos calientes finalmente seleccionados han perdido ya entre el 90% y el 95% de su cubierta vegetal original. Los autores advierten de que estos criterios dejan fuera a zonas de gran biodiversidad como la Amazonia, Nueva Guinea o la cuenca del Congo, porque retienen todavía al menos el 75% de su cubierta vegetal primaria.

En cuanto a los vertebrados -no escogidos como criterio-, en los puntos calientes seleccionados hay 27.298 especies de mamíferos, pájaros, reptiles y anfibios. Los peces se excluyen por escasez de datos -se estima que quedan unas 5.000 especies por ser descubiertas-.

Tampoco se cuentan los invertebrados, que probablemente suponen el 95% de todas las especies, en su mayoría insectos. Se asume que la pérdida de plantas supone también la de insectos (el género ficus, por ejemplo, el más extendido en los trópicos, incluye más de novecientas especies, cada una de las cuales es polinizada por una especie determinada de abejas).

El equipo ha podido identificar los puntos más calientes entre los 25, los que figuraban a la cabeza según los todos los criterios: Madagascar, Filipinas y Sundaland, seguidos por la selva atlántica brasileña y el Caribe. Madagascar, Filipinas y el Caribe son especialmente importantes porque su extensión es pequeña. La cuenca mediterránea y los Andes tropicales son valorados como "candidatos hipercalientes para políticas conservacionistas", dada su "excepcional riqueza en plantas endémicas: 13.000 y 20.000, respectivamente", dicen los investigadores.

La pérdida de superficie sufrida por los puntos calientes da un indicio de su grado de amenaza: hoy cubren un área de 2,1 millones de kilómetros cuadrados, pero antes cubrían 17,4 millones de kilómetros cuadrados, o el 11,8% del planeta.

En el estudio se incluye también lo que a juicio de los investigadores costaría una protección efectiva de los puntos calientes : creen que se podría avanzar bastante dedicando 20 millones de dólares por punto caliente y año durante los próximos cinco años. Aunque esto es más de los 400 millones de dólares gastados en estas zonas por distintas organizaciones no gubernamentales durante la pasada década, sigue siendo "sólo el doble de lo que cuesta una única misión Pathfinder a Marte, justificada en gran parte por su importancia para la biodiversidad: la búsqueda de vida extraterrestre", escriben con un toque irónico los investigadores.

Con todo, advierten, no debe esperarse que "la protección de los puntos calientes salvaguarde todas sus especies indefinidamente". Cuando un área pierde gran parte de su hábitat original, y especialmente cuando el que queda está muy fragmentado, seguirá perdiendo especies incluso después de que la pérdida de hábitat haya parado.

Acciones inmediatas

En un comentario en la misma revista, los estadounidenses Stuart Primm y Peter Raven, de la Universidad de Columbia y el Jardín Botánico de Misuri, respectivamente, advierten: "A menos que haya acciones inmediatas para proteger los puntos calientes que no lo están, la pérdida de especies crecerá más del doble". Pero creen que es también necesario extender la protección a las selvas tropicales en general o, de lo contrario, "dentro de unas décadas, la extinción de las especies aún no tan amenazadas superará a la de los puntos calientes ". Primm y Raven recuerdan que las selvas tropicales cubrían originariamente entre 14 y 18 millones de kilómetros cuadrados, de los que hoy queda alrededor de la mitad; cada década se gana a la selva cerca de un millón de kilómetros cuadrados, y un área mucho mayor se ve afectada por incendios.

Santiago Castroviejo, investigador del CSIC y coordinador general de la obra Flora Ibérica , considera el estudio de Nature como "útil y claro", y desprende de él dos conclusiones además de las resaltadas por los autores: que siguen haciendo falta más datos y que "las estrategias de conservación deben llevarse a cabo sin tener en cuenta divisiones políticas: las plantas no entienden de fronteras". Flora Ibérica ha publicado ya ocho tomos y cubre aproximadamente el 40% del total de la obra prevista, comenta Castroviejo, del Real Jardín Botánico de Madrid (CSIC).

Varios expertos españoles consideran que es necesario poner en marcha un plan nacional de investigación de la biodiversidad para tener más datos sobre la situación.

Situación alarmante en España

El área mediterránea tiene dos focos principales de biodiversidad: el Mediterráneo occidental (la península Ibérica, Marruecos, Argelia y Túnez) y el oriental (Turquía y Grecia). Y, ya dentro de España, los puntos calientes son sierra Nevada, "con un elevadísimo porcentaje de endemismos", según palabras de Santiago Castroviejo (investigador del CSIC), y las islas Canarias -encuadradas a su vez junto con Madeira y Azores dentro de la macronesia- donde casi el 40% de la flora es endémica.

Castroviejo describe la situación como "alarmante", aunque el tipo de problema es distinto al de los trópicos porque las especies mediterráneas están habituadas a ambientes secos y su resistencia es mayor.

Miguel Ángel Naveso, director de conservación de SEO, marcaría en rojo tres áreas en España, una son los bosques de laurisilva en las islas de Tenerife y La Palma, una de las pocas zonas catalogadas como EBA (Endemic Bird Areas) y donde la intensa deforestación para aprovechamientos agrarios y forestales "hace imposible volver a las condiciones del bosque primario". La otra zona en peligro son los humedales, donde la sobreexplotación de acuíferos ha desecado lagunas esenciales para especies como los patos malvasía y la cerceta pardilla. La tercera zona en peligro para Naveso son las estepas, "áreas únicas en Europa cuya transformación en regadíos amenaza una flora endémica muy rica y de ámbito muy restringido, así como aves como la avutarda y el cernícalo primilla. Los productos agroquímicos de los regadíos erradican los insectos que alimentan a estas aves.

El alto valor ecológico de España como zona de tránsito entre los ecosistemas atlántico y presahariano no ha merecido, sin embargo, la puesta en marcha de un plan efectivo de protección, en opinión de los expertos. Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción, denunciaba en febrero en la revista Quercus que "la estrategia española para la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica está siendo marginada por el Ministerio del Medio Ambiente". Esta Estrategia fue presentada hace un año por Isabel Tocino, pero desde entonces "se han incumplido la mayoría de los plazos establecidos", dice Oberhuber. La estrategia debía conducir a planes sectoriales para evitar o minimizar el impacto de actividades como la agricultura, el turismo, la energía, etcétera. Ninguno de estos planes sectoriales se ha realizado todavía.

Naveso coincide con Oberhuber. "La estrategia debía ser un diagnóstico claro de la situación, al avisar las amenazas y proponer medidas. Pero el documento ha quedado totalmente descafeinado. No fue aprobado con el rango adecuado y ahora sólo es un documento de intenciones".

Una estrategia retrasada y acuerdos incumplidos

X.PUJOL-GEBELLÍ , Barcelona
La estrategia española para la conservación de la biodiversidad acumula un notable retraso en la materialización de las actividades programadas desde que fuera aprobada en diciembre de 1998. Tras casi dos años de negociaciones con los sectores implicados, fruto de los cuales surgió el hasta ahora considerado diagnóstico más completo de la situación ambiental española, la estrategia pasó durante 1999 prácticamente desapercibida ante el incumplimiento de los acuerdos alcanzados. Un incumplimiento que, afirma Jesús Serrara, subdirector general de Conservación de la Biodiversidad (Ministerio de Medio Ambiente), hay que achacar a la "complejidad" de la estrategia y a la "necesaria elaboración de trabajos poco vistosos" que habrían deslucido las tareas hechas.

Pese a los retrasos, la Estrategia de conservación de la biodiversidad "ha ido avanzando", dice Serrara. Entre sus logros cita el análisis jurídico de las modificaciones legales que sería necesario introducir para que la norma española se adecue al cumplimiento de la Estrategia, aspecto "pendiente de entrar en Cortes"; la actualización de bases de datos medioambientales; el inicio del proceso de descentralización de organismos públicos dedicados a cuestiones ambientales y la redacción de los primeros planes de interés sectorial, en concreto, los destinados a los sectores turístico y agrario, "prácticamente concluidos", y transporte, recién iniciado.

Serrara espera poder concluir todos los 13 planes previstos en sus plazos. Para el desarrollo de la Estrategia, se ha constituido una pequeña Unidad Técnica cuya principal función es coordinarse con las estrategias elaboradas por comunidades autónomas, con representantes de los sectores económicos, ONG e instituciones científicas. Su presupuesto supera ligeramente los 20 millones de pesetas anuales, a los que se añaden otros 170 millones en concepto de campañas informativas y la posibilidad de movilizar hasta mil millones de pesetas de los fondos estructurales de cohesión para acciones específicas.
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2 comentarios

yajaira -

me gustaria que hablaran mas hacerca de este tema se los pido para q las personas hagan conciencia hacerca de lo q estan haciendo

fernanda -

ma gusto mucho la informacion pero me gustara que se diera mas informacion de los puntos calientes del ecuador. GRACIAS ....!!!!
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