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TURCÓN - Ecologistas en acción

Roque Fraile y los procesos erosivos

Roque Fraile y los procesos erosivos

Canarias7 - 04/01/2006

Turcón ve riesgo de derrumbe del Roque del Fraile
ÁLVARO MONZÓN ADVIERTE DE LAS GRIETAS QUE AMENAZAN LA ESTRUCTURA

G.Florido - Telde

Turcón lanza la advertencia. Los procesos erosivos que ha sufrido el Roque del Fraile han dañado tanto la estructura de esta simbólica mole que, según Álvaro Monzón, portavoz del grupo, no tardará mucho en derrumbarse y seguir los pasos del Dedo de Dios.
Los ecologistas de Turcón no le dan mucho tiempo. Álvaro Monzón (1968), experimentado senderista, se atreve a predecir que es probable incluso que su propia generación llegue a contemplar la caída total o parcial de este roque, convertido junto al Nublo y al Bentayga en uno de los emblemas geológicos de la Isla.
Monzón asegura que se observan a simple vista las profundas grietas que cuartean la estructura de esta roca monolítica que se hizo tan popular porque su figura, esbelta y recortada sobre el cielo grancanario, se asemeja a la de un monje rezando. Está situada al Noreste del Roque Nublo y del Roque de La Rana.
Este veterano ecologista y estudioso del medio ambiente recuerda que no hace muchos años el Gobierno canario tuvo en mente un proyecto para asegurar la estructura de la roca y evitar su caída. En todo caso, Monzón es más partidario de dejar actuar a la naturaleza. De hecho, advierte de que estos fenómenos no son nuevos en la Isla y rememora, por ejemplo, el desprendimiento de rocas que se produjo hace unos años en el barranco de Taiguí, en Tejeda, o el de Montaña Pernada, en Veneguera.
«El efecto del salitre causó daños al Dedo de Dios»
Álvaro Monzón asegura que hay estudios que vienen a apuntar la posibilidad de que el Dedo de Dios o Roque Partido, en Agaete, se derrumbó por los daños que le causó a la estructura el efecto del salitre del mar. Este portavoz cita las referencias apuntadas por expertos del laboratorio de Resistencia de Materiales de la Escuela de Arquitectura, según los cuales «un elemento en apariencia tan insignificante como la sal» erosionó hasta tal punto la parte más débil del mítico roque que acabó partiéndose y cayendo al mar.
No en vano, según Monzón, hacía tiempo que se había inclinado el centro de gravedad de la parte más fina del roque, justo la que simulaba un dedo y la que le dio fama popular. Atendiendo a esta tesis, la roca tenía los días contados y más tarde o más temprano iba a caer. «La misma naturaleza que lo creó, lo tiró», y por eso Monzón no es partidario de «pastiches» que lo simulen.

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