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TURCÓN - Ecologistas en acción

¿Qué es la Vida ?

¿Qué es la Vida ?

Artículo de opinión de Joaquín Araujo (*)
www.joaquinaraujo.com

¿Qué es la Vida ?

Aunque la ciencia, la religión y la filosofía han querido darla, siempre se quedaron lejos de una aceptable, ni siquiera aproximada, definición de la vida. Acaso para alivio de los humanos, que seguimos intentándolo desde, cada día, más puntos de vista diferentes y sobre todo armados ya con una ingente información.

Todo eso por supuesto no basta. Aunque bueno será reconocer que se trata de un imposible que funciona en sí mismo como un antídoto. Puede ayudar a comprender esta impresión poética de Emily Dickinson “Si tuviéramos un primer asomo de la Definición de la Vida.¡ hasta los más serenos nos volveríamos locos!”
Pero el mayor consuelo proviene de la seguridad de que nadie alcanzará jamás a conformar una definición suficiente y , por tanto, satisfactoria de lo qué es la vida. Lo que en absoluto supone el dejar de intentarlo.

Lo más crucial, lo mejor considerado, el argumento de todos los argumentos, no acabará felizmente de escribirse, ni siquiera por la imaginación. En algunas ocasiones he mantenido en público y en privado que ni siquiera la inclusión de todas las palabras del diccionario en la definición de vida nos aproximaría a la comprensión del más fascinante fenómeno del Universo. Recordemos que todavía desconocemos cómo son y dónde están la inmensa mayor parte de los seres vivos. En consecuencia tampoco los hemos bautizado. Otra de las dificultades para el empeño de aproximarnos al conocimiento de la vida es que siempre anima a incluirse ella misma en la definición.
Algo que, acaso por suerte, desobedece a los criterios básicos de todo intento de formulación científica. De ahí que una de las aproximaciones que a uno más le satisface sea la de que la vida es, ante todo, el anhelo de más vida. O que la vida es eso que tenemos sin haberlo pedido, pero que casi nunca estamos dispuestos a perder. O que la vida es una gigantesca , lúcida, hermosa y creativa desobediencia a la quietud vacía del cosmos. O que la vida es un sistema de diálogos entre la luz, que procede del cosmos y el agua que abunda en la tierra, para dar como lenguaje las infinitas palabras que somos todos y cada uno de los seres vivos.

No sé. Por suerte nadie sabe. Pero eso no excluye el respeto, la moderación en su uso o incluso una irremediable apuesta por defenderla, por considerarla manifiestamente invalorable. La vida es vitalista, si hay Dios o dioses, también.
“Yo no tengo filosofía, tengo sentidos.
Si hablo de la Naturaleza, no es porque yo sepa lo que es,
Sino porque la amo, y la amo por eso,
Porque quien ama no sabe nunca lo que ama ”
Nos ayuda Fernando Pessoa. Que nos deja bastante convencidos de otro tipo de aproximaciones más intensas, pero no completas. Lo que por otro lado corrobora que, a menudo, han sido las aportaciones intuitivas, artísticas y poéticas las que más se acercan a un estado de sensible participación en la esencia de las cosas y sobre todo de lo viviente.

Acaso estas tímidas disquisiciones sobre el imposible de saber qué es la vida, no sean más que un pálido reflejo de alguien que, ante todo, se siente agradecido por su inclusión en el escenario y en la trama. Aunque no comprenda ni a uno ni a la otra. Mucho menos lo que están haciendo algunos con ellos. Pero que desea fervientemente que no se acabe el espectáculo. Podríamos aceptar que para la vida el mejor desenlace sea precisamente la falta de desenlace. Un sistema y un proceso, por tanto, como ya son, es decir, permanentemente abiertos, también serían una parte de la minúscula definición de vida.

De la misma forma que con otros aspectos de las relaciones con lo viviente, nada resulta mejor que tenerlas. Por eso bueno será decir que la vida es vivir. Entre otras cosas porque la vida incluye la posibilidad de la contemplación e indagación de ella misma, de momento, y hasta que entren en juego nuevos descubrimientos, con nosotros, los humanos, como agente activo.

Con todo y ya desde unos planteamientos un poco más concretos y por tanto científicos, pero no menos fascinantes, la vida es sobre todo la multiplicación de las posibilidades. Por tanto la infinitud de formas, sonidos, colores, movimientos, caricias y olores. Es también todas las estrategias para la obtención de energía. Y al mismo tiempo un proceso, sin interrupción desde hace unos 4.000 millones de años, en el que, los más de 500 millones de formas diferentes que han sido o son, participan de las mismas características básicas. Por tanto la vida es también el máximo de creatividad propia con no demasiados elementos de partida. Porque son pocos los materiales, las materias minerales, que intervienen. Pero que, siempre en presencia de la luz y el agua, consigue infinitas combinaciones y procesos químicos.

Dos aspectos, en cualquier caso, destacan de la vida. Por un lado que buena parte de las condiciones de habitabilidad del planeta han sido creadas por la propia vida. Esto entronca con el mejor perfil de la teoría GAIA.
El otro es que la vida alcanza a tener conciencia de ella misma a través de nosotros, los seres humanos. Testigos y notarios, jueces y parte. Amantes resueltos pero también torpes destructores de la esencia en la que participamos. Que se caracteriza también por la absoluta inexistencia de absolutos, por cierto, una de las pocas verdades del todo aliviantes de las muchas aportadas por los científicos, y casi todas ellas desgastadas a la misma velocidad con que fueron puestas en circulación . Especialmente desde que sobre el tapete apareció la irrelevancia del individuo. Pero no menos desde que otros, los más inclinados al estudio de la Naturaleza, descubrieron la existencia de un camino que hemos recorrido juntos la totalidad de los seres vivos.

Hay un largo, complejo, tortuoso, y todavía en gran medida desconocido, cordón umbilical entre la materia y la vida, entre la vida y todos los seres vivos y otro, todavía más obvio y mejor conocido, entre los seres vivos y su soporte la biosfera, a la que podríamos definir como la emanación admirable de un planeta único e irrepetible. A la par que escandalosamente creativo y en consecuencia voluble, frágil y sagaz. La vida es un acto de rebeldía hacia las leyes más contundentes, fijas y menos violables del universo, la energía y la materia. Desobedecemos en buena medida al cosmos entero. Y lo hacemos desde una enorme variabilidad. Acaso cuando los fundadores del taoismo abogan por la blandura del agua como modelo de superación de la dureza , en ese caso de la roca, no estaban más que anticipando lo que hoy sabemos sobre las más íntimas estrategias de la vida de cara a su propia continuidad. Sería algo así como una revolución protagonizada por un conjunto de seres extraordinariamente débiles pero que consiguen salir adelante frente a el poder mismo del Universo que no es otros que la búsqueda de su propio final, del famoso equilibrio termodinámico. Su apagarse. Para que nunca se apague la vida peleamos desde todos los frentes posibles. Cómo no, también desde Infoecología.

(*) Joaquín Araujo es periodista y divulgador ambiental y el primer español que obtuvo el Premio Gobal 500 de la ONU
Más información: www.joaquinaraujo.com


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