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TURCÓN - Ecologistas en acción

Medio Ambiente y Desarrollo

Extracto de ponencia de Gilberto Martel Rodríguez en Seminario "Economía Globalizada y Progreso", organizado por el FORO ATLÁNTICO PAZ Y PROGRESO en diciembre de 2004 en Telde.

Para ayudar a aclarar conceptos.

Resumen:
En las postrimerías del siglo XX, los conceptos de Medio Ambiente y Desarrollo, éste último con el apelativo de sostenible, sustentable o sostenido, se implantó con fuerza en el lenguaje político. Incluso, han llegado a convertirse en términos populares. Pero, los que lo utilizan y los que lo escuchan o lo leen ¿saben realmente de lo que se está hablando?, ¿qué sentido tienen estos conceptos?. O es que ¿simplemente se han convertido en muletillas que se utilizan según convenga?. Da la impresión de que esto último es lo que está ocurriendo. Unidos a los términos progreso y compatibilidad ambiental, entre otros, estamos asistiendo a una perversión del lenguaje dónde los discurso se llenan de términos vaciados de contenido y que sólo sirven para justificar acciones de, al menos, dudoso interés general o con perniciosas consecuencias para los recursos naturales e intereses colectivos.

Paralelo a este proceso se produce el fenómeno de que cada vez la ciudadanía se siente más ninguneada en el ejercicio de la política práctica y en la toma de decisiones que atañen a todos. Todo ello genera, por un lado, apatía y desinterés por lo público de gran parte de la población, principalmente joven, y, por otro, movilizaciones puntuales, pero crecientes, como reacción a las consecuencias negativas que la política y el sistema están generando, cada vez más, sobre más ciudadanos.

Se hace necesario reivindicar una aclaración de conceptos, un uso más riguroso del lenguaje y una información más clara y accesible para todos. Necesitamos un cambio de rumbo en todas la políticas en general. Que tomen más en consideración a la ciudadanía. La Democracia participativa se vislumbra como un elemento que, en las sociedades occidentales del siglo XXI, puede conciliar preservación de los recursos y desarrollo social.


1.- Diferentes ideas sobre el desarrollo

Hay palabras que aparecen en todos los discursos de forma recurrente pero que, en muchos casos, encierran la trampa de que por si solas no definen nada, sino van acompañadas de unA descripción detallada de lo que se quiere dar a entender. Algunas de ellas son las palabras desarrollo y progreso cuando se refieren a lo social y lo económico. A primera vista siempre se plantean como palabras positivas e incuestionables pero que por desgracia se abusa de ellas para justificar casi todo.

A mediados del siglo XX, el desarrollo se convirtió en una de esas palabras que formaron parte del discurso modernizador del mundo, que tuvo su comienzo al final de la Segunda Guerra Mundial, con el nuevo liderazgo de los Estados Unidos y el comienzo de la guerra fría. A través de esa idea se propuso un modelo de sociedad exitoso: la sociedad desarrollada, fundado en el crecimiento industrial y en altos niveles de consumo. Este modelo de desarrollo, al que podríamos reconocer como desarrollismo, está basado en la constante expansión, en el optimismo tecnológico, el incremento continuo de la producción sin limitaciones ambientales o de disponibilidad de recursos, generación de bienestar a corto plazo y el crecimiento del PIB como indicador de desarrollo. No obstante, desde finales del mismo siglo, con las grandes transformaciones y avances del mundo, así como con las inmensas frustraciones cosechadas por las políticas públicas modernizadoras, ha tenido lugar un cambio en el discurso del desarrollo. Desde 1990 surge el Índice de Desarrollo Humano, asociado a los informes de las Naciones Unidas para el Desarrollo , el cual intenta centrar la atención en tres aspectos básicos del ser humano como la esperanza de vida, el logro educativo y los ingresos necesarios para un mínimo de necesidades, con el objeto de desplazar el uso del PIB como indicador generalizado del desarrollo.

Paralelamente surge la teoría del Desarrollo a Escala Humana que reconoce que el incremento de la actividad económica no es igual a bienestar y establece una nueva teoría sobre las necesidades humanas y cuáles pueden ser sus satisfactores. El ser humano se vuelve a poner en el centro y no se tienen en cuenta, simplemente, los indicadores macroeconómicos que, según esta teoría, sólo valoran el estado de lo material, de los objetos. Esta corriente de pensamiento plantea una serie de preguntas y respuestas muy interesantes :


“¿Cómo puede establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor que otro? El mejor proceso de desarrollo será aquel que permita elevar más la calidad de vida de las personas”.


“¿Qué determina la calidad de vida de las personas? La calidad de vida dependerá de las posibilidades que tengan las personas de satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales”.


“¿Cuáles son esas necesidades fundamentales, y quién decide cuáles son?”

Y es aquí donde nos ilustran con la interesante teoría de las necesidades fundamentales del ser humano y su diferencia con los elementos que usamos para satisfacerlas (satisfactores). Según esta teoría las necesidades humanas pueden dividirse conforme a múltiples criterios, pero básicamente seleccionan, por un lado, las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar; y, por otro, las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Desde esta teoría se postulan conclusiones interesantes y que nos pueden ayudar a diferenciar el polvo de la paja:

“... las necesidades humanas fundamentales son pocas, delimitadas y clasificables. ... las necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia a través del tiempo y de las culturas es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades. Cada sistema económico, social y político adopta diferentes estilos para la satisfacción de las mismas necesidades humanas fundamentales. En cada sistema éstas se satisfacen (o no) a través de la generación (o no generación) de diferentes tipos de satisfactores. Uno de los aspectos que define una cultura es su elección de satisfactores. Las necesidades humanas fundamentales de un individuo que pertenece a una sociedad consumista son las mismas del que pertenece a una sociedad ascética. Lo que cambia es la cantidad y calidad de los satisfactores elegidos, y/o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos.
...
Lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades. El cambio cultural es consecuencia -entre otras cosas- de abandonar satisfactores tradicionales para reemplazrlos por otros nuevos y diferentes. Por ejemplo, alimentación y abrigo no deben considerarse como necesidades, sino como satisfactores de la necesidad fundamental de Subsistencia. Del mismo modo, la educación (ya sea formal o informal), el estudio, la investigación, la estimulación precoz y la meditación son satisfactores de la necesidad de Entendimiento. Los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud, en general, son satisfactores de la necesidad de Protección. No existe una correspondencia biunívoca entre necesidades y satisfactores. Un satisfactor puede contribuir simultáneamente a la satisfacción de diversas necesidades; a la inversa, una necesidad puede requerir de diversos satisfactores para ser satisfecha. Ni siquiera estas relaciones son fijas. Pueden variar según el momento, el lugar y las circunstancias.”

A medida que han ido evolucionando las sociedades, han ido cambiando las percepciones de la realidad, las prioridades y, también, el sentido de las palabras. Si nos hablan de desarrollo en el siglo XXI, como ciudadanía responsable, hemos de exigir mayor concreción y destripar la finalidad última de lo que se plantea: el por qué y el para qué de las acciones que promueven ese desarrollo, qué nos cuestan a la colectividad, a quién benefician realmente, de qué forma se redistribuyen los beneficios , cuál es el sentido (orientación y significado) del desarrollo, cuáles son los actores que deciden y participan en ese desarrollo, ¿existe un debate social libre y pausado para la toma de decisiones?,...

He aquí el reto que se le plantea a la ciudadanía y a la nueva democracia.


2.- Los límites al crecimiento

Desde el propio sistema capitalista, preponderante en el mundo occidental durante la segunda mitad del siglo pasado, se comenzó a alertar de los límites del planeta, desde que las consecuencias del desarrollismo desaforado y a ultranza empezaron a dejarse sentir. Así, en 1.972, el Instituto Tecnológico de Massachussets y el Club de Roma publican el informe sobre “LOS LÍMITES AL CRECIMIENTO” que comienza a abrir debate y crear conciencia sobre la capacidad del planeta para soportar el desarrollo económico basado en la voraz explotación de los recursos naturales.

Casi al mismo tiempo se producía la primera crisis del petróleo. Los 50 y 60 fueron los años del desarrollismo desbordante en que el consumo anual de energía se triplicaba cada año. ¡Un auténtico paraíso para el desarrollo y crecimiento económico!. Un desastre para el entorno y los recursos naturales.

Durante la década de los 60 el consumo de petróleo había crecido de forma considerable hasta configurarse como la fuente de energía fundamental. En 1950, representaba el 37.8% frente al 55.7% del carbón; en 1972, en cambio, el petróleo y el gas representaban el 64.4% del total mundial. De este modo, las reservas petrolíferas descubiertas cada año eran inferiores al consumo anual. Todo este clima, aparte de las consideraciones políticas y monetarias, provocó una crisis mundial de la que nunca se ha terminado de salir. Pocos imaginaban las consecuencias desastrosas que iba a tener la sobreexplotación incontrolada e insolidaria de un recurso natural como el petróleo.

Si bien ese derroche energético propició el desarrollo acelerado del mundo occidental industrializado y el incremento generalizado del nivel de vida de sus habitantes, su rapidez dejó graves secuelas de contaminación en el aire, en el suelo y las aguas, así como una serie de conflictos latentes nunca resueltos. Y lo que es más grave, promovió mayor desigualdad entre las naciones y el agotamiento, de forma acelerada, de las reservas energéticas, sin pensar en ningún momento en las generaciones futuras ni en las consecuencias económicas que podía tener.

El desarrollismo económico no sólo creó las condiciones para la primera crisis del petróleo, sino que también fomentó, como nunca, la deforestación de los bosques naturales en los países empobrecidos, la contaminación sin control de las masas de agua y su consumo desmedido, incrementó de forma alarmante la generación de residuos y provocó estragos de contaminación transfronteriza, como los fenómenos de lluvia ácida en el Norte de Europa y América. Es más, en los 80 se comienza denunciar que las consecuencias negativas de un corto período de exuberancia sin límites se exportan también al futuro y que los costes de la recuperación pueden superar con creces los beneficios económicos obtenidos en un corto período. El proceso de destrucción de la capa de ozono, la acumulación de residuos radioactivos, la destrucción irreversible de suelo fértil, el incremento del efecto invernadero y el consecuente cambio climático son los ejemplos más destacados.


3.- El Desarrollo Sostenible o Sustentable

Llegados a este punto, desde las mas altas instituciones se intentan buscar soluciones y poner algunas condiciones antes de que la situación llegue a mayores y el sistema muera de éxito. Aquí es donde surge una de las primeras referencias y, por tanto, definición del concepto de Desarrollo Sostenible. Es en el informe sobre medio ambiente y desarrollo “nuestro futuro común” de 1987, encargado por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la O.N.U. (el famoso Informe Brundtland) donde aparece la siguiente definición:

“El Desarrollo Sostenible es aquel que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin poner en peligro las capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”

Un concepto aparentemente simplista y lleno de ambigüedades pero que, por lo pronto, introduce un principio interesante: el de la solidaridad intergeneracional. También se observa un acotamiento del concepto Desarrollo a la satisfacción de necesidades . La pregunta inmediata es: ¿cuáles son estas necesidades?, ¿cuáles fundamentales?, ¿cuáles legítimas?, ¿cuáles serán las necesidades futuras?, y ¿cuáles las capacidades necesarias para satisfacerlas?.

Es mucha la literatura que se ha vertido para intentar aclarar y acotar estos conceptos, pero mayor aún es su uso indiscriminado para justificar los injustificable. El Desarrollo Sostenible parece suscitar asentimiento universal, aunque en realidad se dan de él varias interpretaciones, algunas incompatibles entre sí . Para salvar esta circunstancia se ha hecho imprescindible proporcionar criterios o principios operativos de sustentabilidad ecológica que se puedan tomar como referencia a la hora de descubrir qué puede ser sostenible y qué no.

Lo primero que salta a la vista es que el crecimiento sostenido parece incompatible con la sostenibilidad ecológica, ya que los recursos naturales son limitados y en muchos casos irrecuperables.

Los ecologistas, por principio, debemos recelar de los grandes discursos enmascarados en el desarrollo sostenible . Hoy, para nuestros mandatarios, desarrollo sostenible es: ampliar aeropuertos, construir nuevas camas turísticas, construir más vías rápidas, más puertos (ya sean industriales o deportivos), colonizar urbanísticamente el poco suelo potencialmente agrícola que quede en las zonas bajas de las islas, promover la construcción de campos de golf por doquier, facilitar la implantación de más y más grandes centros comerciales gestionados por multinacionales, que crezca la demanda de energía y agua a un ritmo de un 8 ó 9 % anual, implantar incineradoras ante la avalancha de residuos que “fabrica” la sociedad de consumo, etc., etc.,... Éste es, para algunos, el paraíso del desarrollo sostenible en Canarias.

A la lectura interesadamente mala que hacen los “productivistas” del concepto, a la inaceptable sustitución de desarrollo sostenible o sustentable por crecimiento sostenido, tenemos que oponernos los ecologistas. De poco o nada servirán las reformas para "ecologizar" la producción, y muy particularmente las mejoras en eficiencia, si no se frena el crecimiento material en nuestras sociedades sobredesarrolladas. Nuestro objetivo tiene que ser detener selectivamente el crecimiento material en nuestras sociedades sobredesarrolladas (lo cual está muy lejos de equivaler a detener el desarrollo humano, no implica ni siquiera que no crezcan magnitudes contables como el PIB o el PNB, y no implica tampoco que no tenga que darse crecimiento material en los países empobrecidos) .

Aquí nos interesa encontrar criterios operativos para la puesta en práctica de la sostenibilidad. A partir del trabajo previo de economistas como Herman E. Daly se sugieren los principios siguientes :

• Principio de irreversibilidad cero: esto es, reducir a cero las intervenciones acumulativas y los daños irreversibles.
• Principio de la recolección sostenible: las tasas de recolección deben ser iguales a las tasas de regeneración de estos recursos.
• Principio del vaciado sostenible: es cuasi-sostenible la explotación de recursos naturales no renovables cuando su tasa de vaciado sea igual a la tasa de creación de sustitutos renovables.
• Principio de la emisión sostenible: las tasas de emisión de residuos deben ser iguales a las capacidades naturales de asimilación de los ecosistemas a los que se emiten esos residuos (lo cual implica emisión cero de residuos no biodegradables).
• Principio de selección sostenible de tecnologías: han de favorecerse las tecnologías que aumenten la productividad de los recursos (el volumen de valor extraído por unidad de recurso) frente a las tecnologías que incrementen la cantidad extraída de recursos.
• Principio de precaución: ante la magnitud de los riesgos a que nos enfrentamos, se impone una actitud de vigilante anticipación que identifique y descarte de entrada las vías que podrían llevar a desenlaces catastróficos, aun cuando la probabilidad de estos parezca pequeña y las vías alternativas más difíciles u onerosas.

Sin duda ninguno de nuestros representantes públicos piensan en los anteriores principios cuando nos hablan de “desarrollo sostenible”, lo que nos lleva a la conclusión de que si no queremos vaciar de contenido el concepto se hace urgente pasar a la acción para desenmascarar la farsa y que su uso deje de ser demagógico sino sincero. Para ello es fundamental la formación e información de la ciudadanía: despertar su espíritu crítico.

Resulta paradójico observar que en plena sociedad de la información es cuando la población conoce menos de su entorno y del funcionamiento de metabolismo de las sociedades . Ello es un obstáculo importante para conseguir despertar el interés de la ciudadanía por los problemas del desarrollo y promover su implicación en el camino hacia la sostenibilidad.

Otra de las grandes equivocaciones planteadas en lo relacionado a la sostenibilidad es que se confunde con una meta , cuando en realidad es una forma de hacer, un camino, una estrategia de supervivencia que ha de ser permanente y ha de reinventarse constantemente.

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1 comentario

KASANANGA -

ARRE CHUCUCHU KISINGUI Y SIMONA LA PATONA(TOLOLOCHA)
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