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TURCÓN - Ecologistas en acción

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Subdesarrollo sostenido

Subdesarrollo sostenido Francisco Pomares

La Provincia, 16-9-2004

Estupefacto estoy: me acabo de tropezar con un cartel pegado a una tapia y firmado por una plataforma ciudadana tinerfeña. Me he parado y lo he leído con todo detalle, porque pertenezco a esa generación que se informaba leyendo ´dazibaos´ universitarios en los años 70. Es difícil cambiar los viejos hábitos...

La cosa es que en el cartel se llama a la movilización de la sociedad tinerfeña contra el Puerto de Granadilla. Una opción absolutamente legítima, que hoy -después del viaje de un grupo de profesores universitarios a Bruselas para intentar bloquear la financiación europea al proyecto- parece contar con un apoyo creciente en los sectores más ´concienciados´ de la ciudadanía.

Nada que objetar a la disidencia, desde luego. Pero es que el cartel de marras insiste: Tras el "No al Puerto de Granadilla", vienen el "No a la segunda pista del Reina Sofía", "No al cierre del anillo insular", "No a los tendidos de alta tensión", "No al desdoblamiento de la Autopista", "No al tranvía Santa Cruz-Laguna", "No a las piscifactorías marinas", "No a la instalación de radares"... Todo ese nihilismo en nombre de "Otra isla posible".

Tras el disparo de salida que supuso la masiva protesta ciudadana contra el tendido de Vilaflor, la Isla de Tenerife se ha convertido en un lugar donde plantear cualquier proyecto que implique el más mínimo impacto ecológico o paisajístico (el coste ecológico de un radar debiera ser bastante inferior al de una papelera) es tarea propia de depredadores, sinvergüenzas o especuladores. Se trata, sin duda, ésta de oponerse a cualquier acción que implique actuar sobre el medio, de una tendencia de las sociedades modernas: yo aún recuerdo las fiestas en el pueblo cuando llegaba el tendido de la luz.

Es posible que algunos de los proyectos a los que se opone la Plataforma por Tenerife merezcan realmente el rechazo ciudadano. Quizá no tanto por los proyectos en sí, sino por la forma en que se plantean e informan, o por los intereses que puedan moverse tras ellos. Pero resulta muy preocupante esta creciente defensa de un supuesto desarrollo sostenible que es todo lo contrario. Resulta inaudito que una sociedad moderna -y la sociedad canaria
lo es cada vez más- sea capaz de producir mecanismos de protesta sin más alternativa al desarrollo que su rechazo absoluto. Es difícil sintetizar en unas pocas líneas el drama de una región que escapa cada vez más al debate sobre la responsabilidad que supone decidir, y que convierte la visceralidad y la oposición sin más en el argumento más atractivo.

A Victoriano Izquierdo González

A Victoriano Izquierdo González Cándido Quintana (Vocal del Patronato de Espacios Naturales Protegidos de la isla de Tenerife)

Gracias a todos los buenos amigos que, indignados como yo ante el insultante escrito de Victoriano Izquierdo González, recientemente publicado en los periódicos, se han hecho oír reforzando aún más la unidad de las miles y miles de personas que no estamos dispuestas a permitir que, con dudosos y oscuros fines reales, acaben con nuestra isla de Tenerife. Entre todas estas contestaciones hay una de Teresa, una mujer joven amiga muy implicada en la defensa del medio, que me ha llegado al alma, por lo que deseo hacer partícipes de su contenido a los lectores de este periódico, transcribiéndola íntegramente a continuación:

Elegía por la muerte de Tenerife

Bien Cándido, siempre habrá gente que no acepte opiniones distintas a la suya y que para que nadie le quite esa poquita seguridad que tiene en lo que está diciendo se dedique a descalificar, insultar y creerse superior a los demás. Es lógico que te revuelva las tripas, no tanto por lo que dice, que es lo mismo que piensan muchos, los que no ven para Tenerife más futuro que urbanizar, hacer carreteras y destruir espacios naturales y paisajes que no saben valorar, sino por el tono despectivo, intolerante e insultante en que se manifiesta. Pero creo que a estas personas, o bien no se les contesta, o, si se hace, sería mejor rebatirle con argumentos, que tenemos muchos, y pasar de las miserias y descalificaciones.

Es más importante la defensa del territorio, del paisaje, de los espacios naturales y, en definitiva, de nuestro entorno, que perder el tiempo en defendernos a nosotros mismos. Ya se le ve el plumero a este señor, y la gente inteligente lo reconocerá al instante: es un intolerante y no acepta que los jóvenes o cualquiera que no sea una "autoridad política o técnica" no debe opinar, no tiene nada que aportar, no sirve. Es lo mismo que piensan esos arrogantes políticos y técnicos en los que él, por lo visto, ha depositado su confianza. Y no le culpo, porque así debería ser, los ciudadanos esperamos y deseamos que los políticos se dediquen (que para eso les pagamos, o mejor dicho, ellos mismos se ponen su sueldo y dietas...) a trabajar por el bienestar de todos y que estén preparados y formados para elegir lo que es más conveniente para la isla y para sus ciudadanos, no para su bolsillo, su imagen, sus ansias de poder o su comodidad. Y que tengan la suficiente capacidad de visión de futuro y el coraje necesario para apostar por un desarrollo sostenible, que haga posible ofrecer a las generaciones futuras un entorno agradable y bonito donde vivir, con espacios para respirar, para esparcirnos, para admirar, para cuidar y para disfrutar. Porque si esto no es posible, si esto no es compatible con el trabajo y el progreso, ¿qué sentido tiene la vida? Entonces, ¡paren el mundo que yo me bajo!

Lo bueno del escrito de este señor es que reconoce que los que no estamos de acuerdo estamos molestando mucho, pues hasta el alcalde de Granadilla tiene que gastarse el dinero en hacer campaña en pro de un macropuerto. ¿Por qué? Si es tan bueno para nuestro futuro, si no se han cometido irregularidades, si no hay más intereses que el bienestar ciudadano, el progreso y el desarrollo sostenible, si se cumple la normativa medioambiental, si no se destrozan entornos naturales dignos de proteger y si además está demostrado que sólo con el puerto de Santa Cruz y sus posibles ampliaciones la isla se va a pique, no haría falta tanta campaña.

El problema para los políticos y los que están a favor es que tenemos argumentos de peso, y eso les duele. Y que se está planteando un debate importante en la sociedad, y eso les da miedo, pues no están acostumbrados a que los ciudadanos opinemos y exijamos.

Aunque se construya finalmente el puerto de Granadilla, creo que es importante lo que está ocurriendo en Tenerife, porque el hecho de que tantos colectivos se unan, no sólo para tratar el tema del puerto de Granadilla, sino también para compartir y solicitar apoyo para otras cuestiones que les inquietan y preocupan es una señal de que algo tiene que cambiar, de que estamos aprendiendo a implicarnos y participar en los asuntos que atañen a nuestra vida y nuestro futuro, y no simplemente a dejarnos llevar. Y lo que es más importante, creo, estamos aprendiendo solidaridad.

Así que, ¡ánimo a todos! Besos.

P.D.: Hay un proverbio indio que dice así: “La Tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos”.

Estampa ecológica [sobre el atentado de Beslán, Rusia]

Estampa ecológica [sobre el atentado de Beslán, Rusia] Juan Millás

Entre las anécdotas, todas brutales, referidas a las personas que permanecieron secuestradas durante más de dos días en la escuela de Beslán, me vuelve una y otra vez a la memoria la de una mujer que estaba amamantando a su bebé, y que daba de vez en cuando una cucharadita de su leche a los otros niños que se encontraban cerca. Imaginen la escena de la cuchara junto al pezón, del que la mujer obtiene un jarabe esencial para la vida. Pero imaginen sobre todo la cantidad de solidaridad que contienen esas gotas de leche. Si tuviéramos que enumerar los minerales, las vitaminas o las proteínas de ese jugo para calcular su poder nutritivo, no podríamos dejar de mencionar también los miligramos de solidaridad en los que todo lo anterior está disuelto y que constituye su base nutritiva.

El cuerpo, el cuerpo. Qué rara autosuficiencia la de una mujer en ese estado. El grupo de hombres que dentro y fuera del edificio calculaban el modo de matar al otro, necesitaban proveerse de prótesis, o armas, para alcanzar ese fin. Iban armados hasta los dientes, con la cintura rodeada de cartuchos, además de haber minado el suelo y las paredes con explosivos que podrían accionar a distancia. Frente a todo aquel acero, a aquella pólvora, una mujer oponía la fortaleza de sus pechos, con los que alimentaba a su bebé y a los cuatro o cinco niños que lo contemplaban con envidia. Curiosamente, las armas tienen, sobre todo, forma de falo y de falo en estado de erección para más señas. No me viene ahora mismo a la cabeza ningún arma con forma de seno. No conozco ningún pezón, natural o artificial, que expulse fuego, metralla, veneno, ácido.

En medio de todo aquel espanto, la imagen de esa mujer con los pechos hinchados, administrando los recursos de su cuerpo (y, con los de su cuerpo, los de su psiquismo) como una medicina a los hijos de otras mujeres, se convierte en un icono profundamente ecológico. Es más, se comprende el término ecología en toda su extensión. Lástima que sólo seamos conscientes de esos recursos en situaciones desesperadas.

La apropiación de la vida

La apropiación de la vida Fran Araújo

No se trata del argumento de una película en la que un temido villano intenta hacerse con el control de mundo; recoger una planta de un huerto familiar de Ecuador fue suficiente para que la International Plant Medicine Corporation, con sede en Estados Unidos, obtuviera una patente de variedad vegetal de una planta sagrada de la Amazonia: la ayahuasca.

¿Es que el mar es propiedad de alguien? ¿Y el aire? ¿Se puede patentar una cebra, una jirafa, un elefante? Si de lo que estamos hablando es, al fin y al cabo, de vida, ¿por qué entonces la biopiratería es un mal cada vez más extendido? Deberíamos empezar a preguntarnos si estaríamos dispuestos a patentar nuestro hígado.

Las corporaciones mundiales de la biotecnología se llaman a sí mismas la “Industria de las Ciencias de la Vida” y utilizan lemas como el de la Conservation Internacional "conservar la herencia natural viviente de la Tierra, nuestra biodiversidad global y demostrar que las sociedades humanas son capaces de vivir armoniosamente con la naturaleza". Sin embargo, están atentando contra la vida de millones de especies y de pequeños agricultores.

No deja de resultar curioso el contraste de estas elogiables intenciones con el nombre con el que bautizan a sus productos, como ha puesto de manifiesto Vandana Shiva, Directora de la Fundación para la Ciencia, la Tecnología y la Ecología. Los plaguicidas de Monsanto se llaman Roundup (acorralar), Machete o Laso (lazo). La American Home Products, llama a sus plaguicidas Scepter (cetro), Lightning (relámpago), Assert (imponer), Avenge (venganza). Este es lenguaje de guerra no de la sustentabilidad. La sustentabilidad se basa en la paz con la tierra.

En 1995, pueblos de la India descubrieron que existían 29 patentes extranjeras sobre los agentes que dan al nim, un árbol de su tierra, sus propiedades insecticidas. Las comunidades locales utilizan el nim desde hace milenios en la agricultura, la salud pública y la medicina, en artículos de tocador, cosméticos y protección para enfermedades del ganado. Ahora, la demanda internacional ha hecho aumentar el precio de una tonelada de semillas de nim de 300 a 8000 rupias en veinte años y, como consecuencia, se han vuelto demasiado caras para la población misma que descubrió la manera de utilizarlas.

Creer que se puede patentar la sabiduría y los conocimientos ancestrales es un ejemplo más de etnocentrismo y globalización descarnada, una nueva forma de colonialismo. No hay que olvidar que la innovación local ha sido el pilar de la biodiversidad actual y es la única garantía de la seguridad futura de ésta. El día que Colón descubrió América deberían haberle contestado: “Oye, nosotros ya sabíamos que estábamos aquí”. ¿Cómo pueden los genes ser algo nuevo?

La biotecnología no puede apropiarse de la vida, decidir cuales pueden sobrevivir. El monopolio de la explotación de semillas está provocando la desaparición de numerosas especies en detrimento del triunfo y comercialización de unas pocas. Además de privar de derechos naturales a personas que viven de ellas desde hace siglos.

Tenemos que empezar a ver la muerte de una lengua, de una semilla, de una especie animal como una tragedia que, desgraciadamente, nos acucia cada día. Cada organismo o especie, incluso la humana, está inextricablemente relacionado con el medio y para subsistir depende de todo el ecosistema. “Es mucho más honroso colaborar con Shakespeare que explotarlo”, Stanislavski aplicaba esta frase a los actores que supeditaban el resultado de la obra a su mayor lucimiento, pero se puede aplicar igualmente a nuestra relación con la naturaleza.

Pobrecito Juan Grande

Pobrecito Juan Grande Carlos G. Roy

CanariasAhora.com, 3-9-2004

Lo del vertedero que el cabildo grancanario mantiene en Juan Grande es de libro. De uno bien gordo y manoseado en el que se explique cómo no deben hacerse las cosas bajo concepto alguno. El problema acerca de qué hacer con los residuos urbanos, animales, hospitalarios, etc. es básico para cualquier administración responsable, si bien las cabezas pensantes del régimen soriásico no van más allá de su acumulación a gogó en inmundos e insalubres vertederos o al terrible y peligroso derroche de la incineración. Y esto por no hablar del olímpico desdén con el que se está tratando a los vecinos de San Bartolomé de Tirajana a través de sus autoridades locales, a las que hasta se les prohíbe el paso a las instalaciones. Menos mal que el alcalde es del pepé, que si no...

La incineración es una técnica que, por activa y por pasiva, se ha demostrado que resulta insalubre, peligrosa y, además, despilfarradora de recursos, ya que consume muchísima más energía de la que genera. Le interesa, cómo no, a las empresas constructoras y a las compañías eléctricas, que son las que sacan tajada inmediata de ella, pero repercuten de manera muy negativa en el entorno natural y social en el que se instalan. Una tonelada de residuos incinerados genera diez veces menos energía de la que se necesita para reponer los materiales quemados, y encima contamina y favorece la lluvia ácida. Por ello, tanto en Europa, como en Japón, Estados Unidos, etc. se han dado cuenta de que esta tecnología no es ni mucho menos sostenible y la están abandonando a marchas forzadas.

Metales pesados (mercurio, cadmio, plomo, cobre, berilo, arsénico, etc.) van a parar a la atmósfera y, de allí, a la cadena alimentaria y a los pulmones. Los furanos y las dioxinas son bioacumulativos y, por si fuera poco, se biomagnifican (pasan de lo vegetal a lo animal y de la presa al depredador). Los estudios indican que son cancerígenos, neurotóxicos y letales para el sistema reproductor. Claro que los propagandistas de este tipo de instalaciones les asegurarán que todo está bajo control, lo cual es radicalmente falso: si bien la tecnología ha avanzado bastante, en las universidades donde se han analizado estas cosas se estima que un diecisiete por ciento de las emanaciones y cenizas tienen un importante potencial toxicológico y no las eliminan los filtros. La incineración se limita a trasladar la contaminación de un lugar a otro, pero en absoluto es una solución, sólo un negocio para unos pocos.

Desde infinidad de ámbitos se han cansado de repetir que la solución pasa por la teoría de las tres erres, es decir, reducción, reutilización y reciclaje. Conseguir, mediante políticas activas, que se disminuya sensiblemente el volumen de residuos, por ejemplo legislando de manera coherente acerca de los sistemas de embalaje y empaquetado. Tender de nuevo hacia los envases de reposición y, en la medida de lo posible, eliminar los de usar y tirar. Concienciar a la población de verdad en la necesidad perentoria de la selección en origen y acompañarla de una verdadera política de recogida de residuos diferenciales: hoy por hoy los contenedores de plástico, papel y vidrio apenas son meros adornos y focos de insalubridad dado el poco caso que se les hace. Además, se ha demostrado que donde hay una incineradora es muy fácil que los residuos separados acaben en la hoguera por la puerta de atrás.

Las plantas de reciclaje están funcionando viento en popa en otras latitudes, constituyendo, además, un buen negocio. Con tanto dinero público como se gasta en chuminadas varias, no estaría de más incentivar mediante ayudas y subvenciones atractivas la instalación de factorías que se encarguen de convertir la madera, el vidrio, los plásticos, los metales, el papel, etc. en nuevos bienes de consumo, así como edificar las plantas receptoras en las que se separarían los diferentes materiales y las de compostaje, para convertir en compost los residuos orgánicos, lo cual a su vez redundaría en la mejora del suelo agrario.

Desde el sector privado se están dando algunos pasos. Por ejemplo, la empresa Rodríguez Luján está a punto de inaugurar en Telde la primera planta de Canarias de reciclaje de escombros y materiales de derribo. Esto, que en principio no parece tan importante, lo es en grado sumo, ya que gracias a su actividad va a evitarse que se sigan abriendo algunas canteras y asesinando montañas, se va a restaurar el paisaje y el medio en el lugar donde se instala y van a volver a ponerse en circulación ni se sabe qué cantidad de materias primas que, de otro modo, acabarían sin control alguno en un vertedero o, lo que aún es peor, arrojadas en cualquier barranco.

Soluciones hay de sobra, pero falta decisión política y, sobre todo, sensibilidad y convencimiento por parte de un cabildo que, como el grancanario, nunca piensa más allá de la inmediatez, el dinero rápido y lo fácil.

El Árbol del Responso – Árbol Singular

El Árbol del Responso – Árbol Singular Amalia Bosch Benítez

En días pasados la Asociación de Vecinos del “Barrio de Vegueta-Puente de Piedra”, a través de su presidenta, Rosa Delia Valenzuela Ramírez, lanzó una llamada de auxilio para el “árbol del responso”. Para quien no lo sepa, el “árbol del responso” es un laurel de Indias situado en el histórico barrio de Vegueta. En el año 2002, Soria, entonces alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, decidió su traslado a una glorieta a unos cien metros de su ubicación original. La historia del árbol y su entronque con Vegueta justificó que en su día una asociación como “Bosques sin Fronteras” decidiera intervenir para evitar el traslado.

¿Cuál es la historia de este árbol?

Dice Rafael Guerra, en un artículo publicado en enero de 2003, que hacia el año 1833 la colonia británica solicitó al Ayuntamiento de Las Palmas de GC que le cediera unos terrenos para poder enterrar a sus muertos. El Ayuntamiento accedió a su petición el 17 de noviembre de 1834. Pero aun quedaba por resolver el tema de otras confesiones no anglicanas pero sí protestantes que carecían de sitio para sus pompas fúnebres. El tema se arregló porque se cedió una parte del cementerio católico para estos fines. Pero a la hora de despedir oficialmente al finado se planteaba un conflicto entre el rito protestante y el católico. Los conflictos hay que evitarlos, pero más aun los religiosos, que como sabemos, son capaces de llevar a los seres humanos a conductas extremas. Y el cónsul británico, medió para que unos y otros, es decir, protestantes y católicos, lograran convivir también en la “paz” de los cementerios… Así que se decidió que los muertos protestantes, recibieran el responso de su pastor protestante, justo antes de llegar al cementerio de Vegueta, debajo del inmenso laurel de Indias que daba sombra a toda la comitiva. Ahí comenzó su leyenda.

Y esta costumbre siguió, cuando se produjo la epidemia de cólera del año 1851. Era tal la acumulación de cadáveres que esperaba para recibir el responso en la puerta del cementerio, que la gente tenía miedo al contagio y decidió despedirse de sus muertos debajo del inmenso laurel de Indias que podía dar sombra a toda la comitiva. Así se hizo, y el árbol consagró el nombre con el que ha entrado en la historia: el árbol del responso. Esta es la historia que contaba D. Rafael Guerra en aquel artículo y crónica de una tradición que continuó hasta fechas recientes.

Hoy en día, el árbol no está en su ubicación histórica. Los motivos para su traslado son de juzgado de guardia: cambios en la calificación del suelo para conseguir construir un edificio de pisos, donde con anterioridad se había planificado una plaza con el árbol del responso como referencia, cambios de titularidad de los terrenos, etc….

¿Se justifica un traslado de un ejemplar histórico como es y ha sido el árbol del responso? En nuestra opinión, no. El árbol debió quedarse en su ubicación original, y debió ejecutarse la plazoleta que estaba proyectada para darle espacio. El árbol del responso entra en la categoría de árboles singulares. Pero, ¿qué es un árbol singular?

Determinados individuos vegetales arbóreos tienen un valor patrimonial o un significado cultural de una trascendencia notable. Se trata de individuos de corte o edad extraordinarios, o que por su ubicación u otras características han sido conocidos y apreciados por el pueblo de manera tradicional. Es prueba fehaciente el nombre propio con que algunos se conocen.

Estos árboles forman parte de manera señalada del patrimonio natural del país. Algunos son apoyo real de cultura colectiva, están relacionados con hechos históricos o constituyen parte de la mítica o la tradición popular, o incluso del patrimonio artístico, como inspiradores de obras plásticas o literarias.

(Exposición de Motivos de la Ley 6/1991, de 20 de marzo de las Islas Baleares)

La Comunidad Autónoma de las Islas Baleares protegió todos sus árboles singulares con una ley. Aquí, en la Comunidad Autónoma Canaria se dejó expresamente fuera de la ley de de Protección de Espacios Naturales a los árboles singulares. ¿Existe un catálogo de árboles singulares de Canarias? Puede que exista, pero los árboles no están protegidos. Se debe únicamente a la sensibilidad del político de turno el que se conserve o no. Y ya sabemos cuál es la sensibilidad ante todo lo que suponga un obstáculo para convertir en dinero el suelo urbano o rústico. En días pasados, se talaron las palmeras washingtonianas de la calle Torres Quevedo, se trasplantaron las palmeras canarias del parking de Santa Brígida y todos los plátanos de la calle Nueva; se arrancó el Arbol Bonito de la carretera de Los Hoyos por la construcción de la Variante de Tafira, se talaron los laureles del Castillo de la Luz, los de la plazoleta de Santa Isabel, también en Vegueta y parece que igual suerte van a correr los de la Plazoleta de Santo Domingo, porque el PP está empeñado en hacer aparcamientos subterráneos en Vegueta.

El Partido Verde Canario va a exigir al Parlamento la protección de todos los árboles singulares de Canarias, por medio de una ley específica, tal y como ha hecho Baleares hace trece años. Los árboles singulares, bien sean autóctonos o alóctonos, son parte de la historia. Son individuos pertenecientes a una especie distinta a la nuestra que han sido testigos mudos de la historia. Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos, los vieron y los cuidaron. Han estado con nosotros desde tiempo inmemorial; estos especiales vecinos se merecen un trato sensible y respetuoso ya que han logrado sobrevivir tantos años dándonos sombra y compañía, siendo un punto fijo en la referencia visual de un barrio, convirtiéndose casi en la memoria genética de los vecinos de una localidad, miembros podríamos decir de nuestra otra familia, como un loro o una tortuga que por su longevidad pasaran de padres a hijos. De ahí, el nombre especial con el que la comunidad humana los bautiza, “Arbol del Responso” (Vegueta), “Arbol Bonito” (VEgueta- San Juan), “El Abuelo” (Cádiz), “Encina de Miguelito” (Toledo), “Nogal del Tio Tomate” (Poveda de la Sierra- Guadalajara), “Carbayón de Valentín” (Asturias, uno de los robles más antiguos de Europa, declarado Monumento Natural, edad estimada 800 años) y asi un sinfín de ejemplos más. Si quieres aprender más de Arboles Singulares te recomendamos la pagína:
www.leyendasvivas.com

¡Ayúdanos a defender nuestro árboles singulares!

La ecotasa, un paso hacia el turismo sostenible

La ecotasa, un paso hacia el turismo sostenible José Santamarta

World Watch España, abril del 2001, n. 11

La búsqueda de rentabilidades inmediatas, permitiendo la masificación y la destrucción de los recursos que atraen al turista (playas, paisajes, naturaleza, monumentos o cultura local), deteriora en unos pocos años la fuente de ingresos, como han comprendido en Baleares, donde la administración regional de socialistas, verdes y nacionalistas ha implantado una ecotasa o impuesto ecoturístico, que gravará las estancias en hoteles y apartamentos de los 11 millones de turistas con un impuesto diario de 2 a 0,25 euros (de 333 ptas a 42 ptas).

La ecotasa prevé recaudar 12.000 millones de pesetas al año y servirá para que el gobierno balear financie la mejora de zonas turísticas y la recuperación de espacios rurales y naturales. El gobierno del PP y los principales empresarios y turoperadores rechazan la ecotasa, prueba de su nula sensibilidad ambiental, y de su falta de visión, pues el paisaje y la conservación del medio ambiente son los requesitos básicos para asegurar la sostenibilidad del turismo.

En 1999 más de 657 millones de personas viajaron fuera de las fronteras de sus países en viajes de turismo, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). Los ingresos del turismo internacional en 1999 ascendieron a 449 millardos de dólares, cifra en la que no se incluyen los pasajes aéreos. El turismo emplea a 255 millones de trabajadores en todo el mundo, es decir, a uno de cada nueve trabajadores y genera cerca del 10,7% del PNB mundial. El turismo supone un 13% de los gastos de consumo, la mayor cantidad después de la dedicada a la alimentación.

Para el año 2010 la OMT estima que se llegará a mil millones de turistas internacionales y unos ingresos de 1.550 millardos de dólares, cuatro veces superiores a los de 1996. El crecimiento del turismo internacional ha sido espectacular: se ha pasado de 25 millones en 1950 a 657 millones en 1999. El aumento del nivel de renta y del tiempo libre, unido a la reducción del precio real de las tarifas aéreas, crean las condiciones para que el turismo siga creciendo.

El turismo tiene efectos positivos, pero también negativos. Entre los positivos está la creación de empleo, el incremento de los ingresos económicos, el permitir mayores inversiones en la conservación de espacios naturales, el evitar la emigración de la población local, la mejora del nivel económico y sociocultural de la población local, la comercialización de productos locales, el intercambio de ideas, costumbres y estilos de vida y la sensibilización de los turistas y de la población local para proteger el medio ambiente.

Los posibles ingresos futuros por turismo son una poderosa razón para conservar importantes ecosistemas y algunas especies emblemáticas. Brasil, por ejemplo, puede obtener muchos más ingresos por turismo conservando el Pantanal que los que obtendría con su destrucción, merced a la hidrovía, las plantaciones de soja, la ganadería extensiva y la extracción de oro, y lo mismo cabe decir de la Amazonia, una región aún sin apenas desarrollo turístico. El turismo es una alternativa económica para conservar bosques autóctonos, zonas húmedas, ríos sin presas y litorales, o algunas especies, como los gorilas de montaña en Ruanda, la fauna salvaje en Kenia o los osos en Alaska. Aunque el turismo tiene importantes impactos, en muchos casos éstos son inferiores a los de otras actividades económicas, como la minería, la industria forestal, los monocultivos agrícolas, la ganadería extensiva, los grandes embalses, la extracción de petróleo y carbón o las industrias contaminantes.

El turismo es uno de los pocos sectores intensivos en empleo, y en todo tipo de empleos, desde los más cualificados a los menos, y es una de las pocas alternativas a la destrucción de empleo ocasionada por el cambio tecnológico y la globalización, junto con la reducción de la jornada laboral. Es también un sector donde coexisten desde la gran multinacional a miles de pequeñas empresas familiares. En la próxima década se espera crear más de 100 millones de empleos en el sector turístico en todo el mundo. Entre los efectos negativos, tan importantes como los positivos, está el incremento del consumo de suelo, agua y energía, la destrucción de paisajes al crear nuevas infraestructuras y edificios, el aumento de la producción de residuos y aguas residuales, la alteración de los ecosistemas, la introducción de especies exóticas de animales y plantas, el inducir flujos de población hacia las zonas de concentración turística, la pérdida de valores tradicionales y de la diversidad cultural, el aumento de la prostitución (turismo sexual), el tráfico de drogas y las mafias, más incendios forestales y el aumento de los precios que afecta a la población local, que a veces pierde la propiedad de tierras, casas, comercios y servicios.

Los flujos turísticos contribuyen al cambio climático, a las lluvias ácidas y a la formación del ozono troposférico, pues los transportes aéreo y por carretera son una de las principales causas de las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y otros gases contaminantes, y a la pérdida de biodiversidad, tanto de forma directa como indirecta. De una forma capilar, el turismo afecta a todo tipo de ecosistemas, desde el litoral destruido por una muralla de hormigón, a las montañas donde se asientan las estaciones de esquí, o, como los Alpes, son invadidas por millones de excursionistas. Los campos de golf son hoy una de las principales atracciones turísticas, con graves repercusiones a causa del consumo de agua y el empleo de plaguicidas. Una región tan árida como Andalucía realiza costosas campañas de promoción del golf en toda la prensa internacional. Prácticamente ningún lugar se salva del turismo, desde la Antártida, donde la presión es cada vez mayor, al Everest, contaminado por centenares de toneladas de residuos abandonados por las múltiples expediciones. Ningún país ni región quiere verse privado de las rentas del turismo, salvo Corea del Norte, Afganistán, Sudán y algún otro país, y probablemente por poco tiempo. El turismo internacional es uno de los aspectos de la globalización, y probablemente uno de los que tendrá mayores repercusiones.

A pesar de que el turismo es una causa importante del deterioro ambiental, es muy poco lo que se ha estudiado, en comparación con otros problemas de mucha menor importancia, y cuando se relaciona con el medio ambiente, se abordan aspectos marginales, como el ecoturismo, que todavía es un mercado incipiente y poco consolidado. Existe una complacencia acrítica, y en la mayoría de las publicaciones y páginas en los grandes medios de comunicación supuestamente de periodismo ambiental se promociona esta industria que tanto afecta de forma negativa a la naturaleza, ya sea para captar publicidad o nuevos lectores ansiosos de emplear su dinero y su tiempo desplazándose a nuevos lugares o descubrir una nueva ruta que recorrer, tras desplazarse en automóvil.

Muchas de las campañas de promoción del turismo supuestamente sostenible son meras y hábiles operaciones de imagen, pues el derribo de un hotel obsoleto, un carril bici, la recogida selectiva de residuos o algún equipamiento para ahorrar energía o agua, o lavar menos veces las toallas, no evitarán las graves repercusiones insostenibles del turismo. En primer lugar por los desplazamientos en modos motorizados y todo lo que ello supone, desde infraestructuras (aeropuertos, autovías, aparcamientos, puertos deportivos, carreteras de todo tipo, funiculares, trenes de alta velocidad) a las emisiones a causa del consumo de combustible, más cuando los turistas se desplazan miles de kilómetros en avión. Y en segundo lugar, por las repercusiones en el lugar de acogida, desde la infraestructura de alojamiento, al consumo de agua, energía y otros recursos, ruido y contaminación.

La mayor parte del turismo no es sostenible, y lo más sostenible es lo que aparentemente no lo es. Benidorm, con la gran concentración de hoteles, apartamentos y cerca de medio millón de turistas en el mes de agosto en apenas 12 kilómetros de costa, es mucho más sostenible que ese mismo número de turistas de forma dispersa (el llamado turismo de calidad) afectando a decenas de kilómetros de costa. Puestos a destruir el litoral, cuanto menos se destruya mejor, y las altas densidades permiten reducir los desplazamientos y acometer las inversiones adecuadas en depuración de aguas y tratamiento de residuos. Lo ecológico son los rascacielos. Cuanto más altos mejor, como en la película de Bigas Luna localizada en Benidorm, y lo antiecológico son los chalés y las urbanizaciones dispersas con jardín y piscina individual. Lo más insostenible es ese supuesto turismo rural y de aventura en vehículos 4x4, degradando las zonas que aún no lo están y con los mayores consumos de recursos per cápita, cierto ecoturismo a países lejanos o ese turista del mundo rico que no quiere ser considerado turista, sino viajero o aventurero, como si estuviésemos en la época de Orellana o de Marco Polo, que recorre miles de kilómetros en avión (el modo de transporte con mayores emisiones y consumo de energía por viajero-km) para pasar un par de semanas o el mes de vacaciones en Vietnam, Zimbabue, Namibia, Irán o China.

La mayor parte de la población de los países en desarrollo aún no participa de los flujos turísticos, salvo las élites, pero las cosas empiezan a cambiar en muchos lugares, y se abrirán nuevos mercados en Asia y Latinoamérica para las nuevas clases medias. En 1999 Francia fue el destino más visitado del mundo (70 millones), seguido por España (51 millones), y Estados Unidos el país que registró más ingresos por turismo internacional, mientras que España ocupa un cuarto lugar (unos 30.000 millones de dólares). Los doce primeros países por ingresos turísticos en 1998, según la OMT, fueron los siguientes: Estados Unidos, Italia, Francia, España, Reino Unido, Alemania, China, Austria, Canadá, Australia, Polonia y México. La participación de América Latina en el turismo mundial es aún pequeña, pero crece rápidamente. Cuba ha duplicado el número de turistas desde 1995, aunque México es el primer destino turístico. La región mediterránea, con 46.000 km de costa, es el principal destino turístico mundial, con cerca de 180 millones de turistas y 6 millones de camas hoteleras, y es también donde se registra un mayor deterioro ambiental. En Italia el 43% del litoral está totalmente urbanizado y el 28% parcialmente.

El turismo en España

España es la cuarta potencia turística mundial por ingresos de divisas y segunda por número de visitantes, y probablemente la primera en ingresos netos de divisas. En 1999 hubo 51 millones de turistas extranjeros propiamente dichos, más que habitantes. Según la OMT siete de cada 100 turistas eligieron España como destino. Somos la California de Europa, estamos al lado del mayor mercado emisor (el 70% de los turistas internacionales son europeos), la accesibilidad es cada vez mejor por avión y en automóvil privado, y los competidores se ven amenazados por el integrismo (Egipto, Argelia…), la inestabilidad y la seguridad ciudadana (casi toda África, algunos países latinoamericanos y asiáticos) o los conflictos civiles. El único gran competidor en el turismo de sol y playa es el Caribe. La fórmula española se basa en las cinco eses: sun, sex, sea, sand y sangría. Para el 2020, según la OMT, España recibirá 71 millones de turistas, un 40% más que en 1999, ocupando según las previsiones de la OMT el cuarto lugar mundial, tras China (137 millones), EE UU (102,4 millones) y Francia (93,3) y por delante de Italia, Reino Unido, México, Rusia y la República Checa.

El número de establecimientos hoteleros en España asciende a 13.800, con un total de 569.802 habitaciones que suponen 1.087.529 plazas hoteleras, aproximadamente el 4,7 por ciento de la oferta mundial. España cuenta con 226.081 bares y cafeterías, 58.886 restaurantes, 13.800 establecimientos hoteleros, 125.000 apartamentos turísticos, 2.992 centrales de agencias de viaje con un total de 3.574 sucursales, 1.171 cámping, 226 puertos deportivos, 176 campos de golf, 112 estaciones termales y 28 estaciones de esquí. Y la oferta sigue aumentando cada año. El modo de transporte más utilizado por los turistas internacionales que nos visitan fue el avión (71%), seguido del transporte por carretera (25%), y el resto llegó por vía marítima o ferrocarril. Además de los visitantes extranjeros, hay que destacar que la mayoría de los españoles pasan sus vacaciones en España. En 1999 España ingresó por turismo 5 billones de pesetas, mientras que los gastos de los españoles en el exterior no llegaron al billón; los ingresos netos fueron por tanto de más de 4 billones de pesetas (cerca de 23 millardos de dólares).

El turismo interior y exterior representa el 11% del Producto Interior Bruto (PIB), y aporta cerca de 1,6 millones de empleos (el 11% de la población ocupada total). El 80% del turismo se dirige a la costa, lo que convierte a las playas en uno de los pilares básicos de la economía española, frente al 20% del interior. Muchas playas pueden desaparecer por el cambio climático.

Turismo sostenible

El desarrollo turístico debe ser sostenible a largo plazo, viable económicamente y equitativo, desde una perspectiva ética y social para las comunidades locales. El turismo más sostenible es el que se hace en casa, leyendo un libro, delante del televisor o conectado a Internet, o paseando por el barrio. Pero como en el mundo real el turismo es un fenómeno de masas, que responde a necesidades reales y creadas, y que cada vez tendrá más importancia, por el aumento del nivel de renta y de tiempo libre, y además las poblaciones beneficiadas necesitan fuentes de ingreso y empleo, conviene encauzarlo y regularlo, con el fin de reducir sus repercusiones globales (emisiones del transporte aéreo y por carretera) y locales (pérdida de biodiversidad, degradación de recursos) y asegurar su sostenibilidad.

La ecotasa puede frenar el crecimiento de la oferta turística, ante las consecuencias de la masificación, fenómeno que ya afecta a la mayor parte del norte del litoral mediterráneo. Baleares, con una población estable de 797.000 habitantes, cuenta con 390.000 plazas turísticas y recibe anualmente once millones de turistas, casi todos por avión, el modo más contaminante. Se ha recomendado introducir el concepto de capacidad de carga en la industria turística, limitando su número, especialmente en las zonas sensibles, como parques nacionales y reservas protegidas. El Ministerio de Medio Ambiente debería preparar un auténtico Plan de Turismo Sostenible, que vaya más allá de un catálogo de buenas intenciones.

Las repercusiones globales del turismo se pueden reducir aumentando la fiscalidad ecológica sobre los combustibles, especialmente el queroseno (combustibles de los aviones), el gasóleo y la gasolina y otros recursos, como el suelo, el agua o los residuos que se vierten. El medio ambiente con precios entra, y sin instrumentos fiscales no se cumplen los fines.

A nivel local se pueden formular las siguientes recomendaciones:

1. Promover la producción local y ofrecer alimentos de la zona, a ser posible ecológicos y sin productos químicos (plaguicidas, abonos químicos, aditivos), así como elaborar menús regionales.

2. Reducir y minimizar la generación de residuos: elegir envases retornables, rechazar productos con envoltorios superfluos y destinar los residuos orgánicos a la producción de compost. Utilizar papel reciclado y blanqueado sin cloro en los folletos turísticos, eliminar el PVC y organizar la separación en origen, la recogida selectiva y el reciclaje. Aumento de los impuestos sobre los envases.

3. El turista medio en España consume 440 litros diarios de agua, que llegan a 880 litros en los hoteles de lujo, y además este consumo se produce en los meses más secos. La importancia de ahorrar agua es clave. Utilizar tecnologías eficientes en grifos y retretes, construir instalaciones para recoger el agua de lluvia, cambiar las toallas y sábanas sólo cuando sea necesario, usar plantas autóctonas en los jardines e informar a los clientes sobre la necesidad de ahorrar agua. Paralizar la construcción de nuevos campos de golf. Promover pocas y grandes piscinas públicas frente a muchas pequeñas piscinas individuales, con una política de precios del agua que grave los consumos excesivos.

4. Depurar las aguas residuales y reutilizarlas para el riego del césped o la agricultura, tal como hace Benidorm, por ejemplo. No abusar de los detergentes de limpieza con agentes químicos y fosfatos. Nuevos impuestos sobre los productos tóxicos.

5. Ahorrar energía: usar paneles solares para calentar el agua sanitaria y energías renovables (eólica, minihidráulica, fotovoltaica) para producir electricidad. Optar por electrodomésticos y bombillas fluorescentes compactas de bajo consumo y vigilar el correcto aislamiento térmico y acústico de los edificios. Prioridad a los ventiladores frente a los despilfarradores aparatos e instalaciones de aire acondicionado.

6. Construir de manera ecológica y respetuosa con el paisaje y el medio ambiente. Hacer uso de materiales locales de producción propia, no tóxicos y aptos para el reciclaje. Adaptarse a la arquitectura tradicional. Promocionar la arquitectura bioclimática, y la alta densidad con mezcla de actividades frente a la urbanización dispersa. Urbanismo, viviendas y materiales deben igualmente adaptarse al clima local, reduciendo, por ejemplo, los consumos de electricidad en refrigeración en los meses punta de julio y agosto. El arbolado, las ventanas pequeñas, el uso de persianas y contraventanas, los patios interiores con fuente, el encalado de fachadas, el aislamiento térmico y acústico o los muros gruesos, aseguran el confort térmico sin requerir aparatos de aire acondicionado, que son enormes devoradores de electricidad. Una política de precios altos de la electricidad, con una fiscalidad ecológica, eliminaría el despilfarro.

7. Evitar el tráfico de vehículos privados. Promover el transporte público, el senderismo, el uso de bicicletas y el montar a caballo. Fomentar la peatonalización de los cascos urbanos. Reducir el ruido, y obligar a cumplir la normativa a bares y discotecas. Y por encima de todo reducir la distancia de los desplazamientos en transporte aéreo y en vehículo privado. Promocionar el turismo local frente al internacional, y procurar que los desplazamientos en modos motorizados sean lo más cortos posible. Una política fiscal que grave la gasolina, el gasóleo y el queroseno, ayudarán a cumplir estos fines.

8. Respetar la cultura local. Preservar los monumentos, tradiciones, artesanía y la fauna y flora. Proteger y regenerar los espacios naturales. Frenar la especulación urbanística y la construcción de grandes infraestructuras, como autovías, embalses, puertos deportivos o aeropuertos.

9. Evitar las actividades de ocio que sean nocivas para la naturaleza, como las motos de trial, los 4X4 y las ruidosas, peligrosas y contaminantes motos acuáticas. Promover las excursiones que permitan conocer mejor la flora y la fauna y los paisajes locales. No comprar animales o plantas como recuerdo.

10. Respetar a la población autóctona. Facilitar el contacto entre los viajeros y la población receptora. Rechazar los guetos turísticos. Planificar para que el turismo beneficie a toda la población local.

Referencias

1. PNUMA. Development of National Parks and Protected Areas for Tourism. Stationery Office. Nairobi, 1993.
2. France, L. et al. The Earthscan Reader in Sustainable Tourism. Londres: Earthscan, 1997.
3. Honey, M. Ecotourism and Sustainable Development. Washington: Island Press, 2000.
4. Weaver, DB. Ecotourism in the Less Developed World. CABI, 1998.
5. McLaren, D. Rethinking Tourism and Ecotravel. Kumarian Press, 1998.
6. Lane B. y Bramwell, B. Sustainable Tourism: Principles and Practice. Wiley, 1998.
7. UICN, Tourism, Ecotourism and Protected Areas. IUCN, 1996.
8. Fernández Fuster, L. Teoría y técnica del turismo. Madrid: Editora Nacional, 1971.
9. Díaz Alvarez, J.R. Geografía del Turismo. Madrid: Editorial Síntesis, 1993.
10. Pearce, D. Tourism Today: A geographical analysis. Longman, 1987.
11. WWF. Responsible Tourism in the Mediterranean. Roma, 2000.
12. Frangialli, F. Sustainable Tourism. WTO (OMT), Madrid, 1999.
13. Amigos de la Tierra (FOE). Sustainable tourism in the Mediterranean. CEAT. Bruselas, 1999.
14. Pérez de las Heras, M. La guía del ecoturismo, o cómo conservar la naturaleza a través del turismo. Madrid, Mundi-Prensa, 1999.

Pensar y vivir en colores… el verde (sobre el ramal de Agaete)

Pensar y vivir en colores… el verde (sobre el ramal de Agaete) Antonia Saavedra Suárez

CanariasAhora.com, 31-8-2004

Hay otras personas que piensan y sueñan en verde. Éstas creen que sostener va unido a un proyecto de vida, a un proyecto que gira en torno a las personas y donde se ajustan las necesidades del presente y las del futuro para superar, de una vez por todas, lo peor del urbanismo, de las infraestructuras, del empleo, del medio ambiente, de las políticas sociales, educativas, económicas, etc., de las que tantos ejemplos tenemos. Son personas que ambicionan crear pueblos habitables para el ahora, sin poner en peligro las necesidades de los que vienen mañana.

Las decisiones que en Agaete se están tomando en infraestructura y suelo, entre ellas el ramal, son costosas y casi imposibles de corregir una vez realizadas, y, por ello, es necesario actuar con decisión y con urgencia, porque ya llegamos tarde y muy de tarde en tarde.

Este desarrollismo brutal que nos están ofreciendo como garantía de futuro supone un serio atentado al sentido común. Probablemente nunca, tanto como hoy, habíamos tenido tanta razón y eso les mueva a esa carrera contrarreloj por taponar con mortero todo lo que represente el más mínimo brote de racionalidad urbanística.

Lo absurdo es que, mientras los Estados de la Unión Europea, la ONU, arquitectos, ingenieros, biólogos, ecologistas, empresarios que creen en el desarrollo inteligente, políticos, etc., se devanan los sesos desarrollando estrategias y legislación para que el mundo tome conciencia de la necesidad de un desarrollo sostenible, Agaete, como si de un salmón se tratara, lucha contracorriente por desovar su herencia. Todos están de acuerdo en que el desarrollo desmedido y la falta de planificación y previsión provocan daños irreparables, como irreparable es la muerte del pájaro palmero cuando se le encierra en una jaula.

Adoptar esta postura insensible y pasiva, dejando esta responsabilidad a la insensatez que nos gobierna y no dejar oír nuestra voz contrariada, nos convierte en cómplices del desatino y en deudores de nuestra herencia. Cuando, sentados al lado del joven, imploremos a la rancia memoria ¿Qué les diremos? ¿Les diremos que nos vendimos? ¿Les diremos que tuvimos miedo a las represalias? ¿Les diremos que no tuvimos el coraje suficiente para dejar de vivir en el silencio y carraspear para que saliera firme nuestra voz? ¿Les diremos que no vimos nada, que no oímos nada? ¿O les diremos que lo nuestro fue ver, oír y callar? ¿Quiénes son los políticos? ¿Nuestros dioses, nuestros amos, nuestros patrones, nuestros verdugos? No nos confundamos, ser persona es un derecho, pero ser político es un privilegio, la oportunidad dada por quien han hecho la inversión: el pueblo.

Nos debemos al sueño sensato, no a la crítica pesimista y destructora, de imaginar un destino distinto del que se avecina para nuestro pueblo y sus gentes. Mostrar nuestra inconformidad con lo que está ocurriendo es una práctica mental saludable, simple y llanamente porque el ramal no es bueno, porque no está pensado para el interés y las necesidades públicas, porque es un proyecto individualista que no ha contado con la participación ciudadana y se le ha ocultado al pueblo, eliminando no sólo lo que es su derecho sino su responsabilidad.

Nos hemos volcado tanto hacia nosotros mismos y a la satisfacción de nuestras necesidades que nos hemos despreocupado de la inevitable convivencia, del apoyo en la defensa de nuestros derechos y deberes comunes. Lo que está ocurriendo es algo así como si, en casa, cada uno metiera el cucharón en el caldero sin mirar al fondo para comprobar si queda potaje para todos.

Es necesario que integremos lo individual y lo colectivo, lo mío y lo nuestro, porque no podemos perder también de nuestro horizonte que además de personas individuales, pertenecemos a una comunidad, a un pueblo de gentes de bien, que no sólo ha dejado de ver las montañas encantadas de la costa, sino que ha dejado de ver en el fondo del caldero.

No olvides mañana, cuando evoques al pueblo, que parte de nuestras señas de identidad son, y prefiero hablar desde el hoy, agarrar un puño de tierra para enterrar, de vez en cuando, un pellizco de semillas de naranjos, limoneros, cafetales y mangos, saborear la sal de Las Salinas, echar una ojeada al horizonte y dejarse seducir por el borroso contorno de las montañas, pasear junto al mar y asombrarse con aquel impresionante navío que se llama Tenerife con su blanca y grandiosa chimenea, caminar por el barranco mientras sostenemos una mano amiga, el cuerpo cansado de un viejo, el niño a la pileta, el viento en la cara que viene del mar y el sol que conforta y anima nuestras cabezas, …porque todo eso es, y más, al mismo tiempo que nuestras señas de identidad, el potaje que alimenta nuestras familias. Si lo devoramos, sin mirar en el fondo del caldero, los que lleguen mañana y agarren el cucharón, no podrán llenar el plato y pasarán hambre.

Pensar en verde significa sostener la vida.

Pepa no tiene la palma

Pepa no tiene la palma Angel Tristán Pimienta

La Provincia, 30-8-2004

La alcaldesa Pepa Luzardo, recién incorporada a su despacho tras las vacaciones, ha asumido íntegramente la responsabilidad personal y política por la salvaje tala de palmeras en la calle Torres Quevedo. Era de esperar: le honra la rotundidad con la que asume la decisión; pero desde el punto de vista de un amplio sector de la ciudadanía, no es ningún mérito haber dado la orden de tierra quemada.

Los argumentos son los clásicos; y lo único que demuestran es que entre las muchas divisiones de clases que hay en la sociedad, ésta es otra de ellas: los que quieren a los árboles y los que los consideran trastos molestos. Y punto. Hay un hecho que sobresale sobre todos los demás: mientras en el Banco de España las washintonias fueron retiradas, también con argumentos poco consistentes, y según algunos expertos municipales, falsos, pero trasplantadas en un vivero del sur, las de la Playa Chica fueron troceadas y tiradas al vertedero de Salto del Negro. Hay, como se aprecia a simple vista, una ´adolecencia´ de sensibilidad y de respeto a la naturaleza.

Después hay que considerar los efectos secundarios, que en la nueva terminología militar puesta de moda en la guerra del Golfo de 1991 es aplicable al caso: son los ´efectos colaterales´. Dice la alcaldesa que todo obedece a un problema de seguridad. La Calle Torres Quevedo "como la de Ripoche", están mejor ahora, según la líderesa local del PP. Ahora pueden pasar ambulancias y coches de bomberos y, por seguir desarrollando el argumento, carrozas del carnaval. Pero hay que negar la principal: no es cierto que Ripoche esté mejor en la actualidad que cuando tenía unas pocas palmeras reales en su centro. Finalmente sólo se quitaron dos, porque el resto había muerto por falta de riego. Fue otra de las ocasiones en que el Ayuntamiento, no se sabe bien si sus técnicos o sus políticos, ensaya un experimento consistente en lograr plantas que no necesiten agua. Hasta la fecha el resultado ha sido similar al de la burra del gitano, que cuando aprendió a no comer...la pobre se murió. Es incierto que en Ripoche no pudieran pasar los vehículos de los bomberos. A lo mejor, alguno no podría. Pero de hecho hemos sido testigos, casualmente, del tránsito de camiones equivalentes, sin ningún inconveniente insuperable. En el presente, esta calle tiene unos macetones ridículos, que no ´pegan´ ni con cola, y que como es habitual por estos lares están secos y se han convertido en ceniceros.

En Torres de Quevedo, idem de idem. Vecinos del lugar, empezando por la asociación, hablan sin ambages de "mentiras". Ellos saben perfectamente que las ambulancias pasan, porque hay personas mayores que necesitan este servicio, y lo reciben regularmente; y que unidades más grandes han transitado igualmente por entre las antiguas washingtonias. Que la calle esté mejor sin palmeras es como la teoría de un pintoresco personaje con mucha labia y ausencia total del sentido del ridículo que aprovecha cualquier púlpito que se le ponga delante para predicar la deforestación de Gran Canaria y la extinción de los bosques replantados porque, asegura, lo que hay que hacer es volver a las cabras y las ovejas "como en tiempos de los guanches", lo que demuestra, desde luego, una gran deficiencia intelectual y de conocimientos.

En el mejor de los casos lo que hay son gustos particulares: a Pepa Luzardo, según parece, le gustan más las calles sin palmeras; eso sí, decoradas con macetoncitos de colorines con plantas de primor. El paso de carruajes, sean de Cruz Roja o de Contraincendios, utilizado como disculpa, llevaría a un gigantesco urbanicidio: habría que derruir buena parte de las calle de Vegueta, empezando por La Peregrina, precisamente cuando, gran anacronismo, se plantea su conversión en Patrimonio de la Humanidad. Y no digamos nada de los barrios árabes y judíos de media España. Todos sufriendo las embestidas de los caterpillar para ensanchar sus calzadas empedradas, que son una joya de la arquitectura.

El razonamiento es idéntico al que permitió que un grupo de desnortados hiciera una ´intervención´ tan radical en el Castillo de La Luz, entre otros aspectos para encajar un ascensor con boina en la azotea del recinto, que ha transgredido todas las leyes proteccionistas habidas y por haber. La cortina de humo que se puso como disculpa en esta ocasión fueron los minusválidos. Pero hay cosas que, repitamos, no pueden ser y además son imposibles. Tampoco se puede subir en silla de ruedas o con muletas al Cenobio de Valerón. ¿Vamos a ponerle unos elevadores? Y ya puestos, para evitar el peligro a los niños, ¿se les aplicarán a estas cuevas las ordenanzas municipales y se dotará al risco de unas románticas balaustradas blancas subespecie garajera? Ripoche ha perdido el encanto que tuvo, provisionalmente, con unas cuantas palmeras en su mediana; Torres Quevedo lo mismo. Y lo peor es que hay motivos para echarse a temblar. Con este cuento de la seguridad podemos asistir a una gran desertización de la capital. Dice el lema oficial que la ciudad "segura tiene la Palma". Eso era antes.

Inventan en Australia un generador eléctrico alimentado con plátanos

Inventan en Australia un generador eléctrico alimentado con plátanos El Mundo, 30-8-2004

Londres.- Un equipo de ingenieros australianos ha creado un generador eléctrico que utiliza plátanos descompuestos como fuente de energía. A partir de este invento estudian construir una central capaz de dar electricidad a medio millar de viviendas.

Un tercio de las 20.000 toneladas de cosecha anual de plátanos de Queensland se pierde porque los frutos o son demasiado pequeños o presentan daños. Ante tal derroche, los plantadores acudieron al profesor de ingeniería de la universidad de esa localidad, Bill Clarke, para ver qué utilidad podían darle a las bananas inservibles. Y la solución que se le ocurrió fue ésta, utilizarlos como fuente de energía. "En la zona hay muchos bananos y pueden ser una gran fuente de energía renovable", indicó Clarke.

El método es dejar que los plátanos se descompongan en vasijas selladas. El gas metano que desprenden es el que pone en funcionamiento la turbina eléctrica. El próximo febrero se sabrá si los plátanos son una fuente viable de energía en términos de coste, ha informado Clarke. Si lo es, la industria del plátano estudiará la construcción de una planta de energía.

El problema que tiene el proyecto es la cantidad de plátanos que se necesitan. "Se requieren unos 60 kilos de bananos para que un electrodoméstico como un ventilador funcione durante 30 horas", indicó Clarke.

Algas y porquería

Algas y porquería Angel Tristán Pimienta

La Provincia, 27-8-2004

Una vez más se ha demostrado, en esta ocasión, que no es la primera, en la costa de Mogán, San Bartolomé de Tirajana, Telde y Las Palmas de Gran Canaria, que cuando uno tira una piedra hacia arriba, encima le cae. No falla, entre otras razones por la ley de la gravedad, que es también, en el plano filosófico, la del sentido común. Puede que no existan conexiones entre ETA y Al Qaeda y que los terroristas vascos no tuvieran nada que ver con el 11 de Marzo, más allá de su cruel alegría por la masacre, pero lo que sí existe es un nexo, una relación directa, entre las algas malolientes que han aparecido este verano en las costas de Gran Canaria y Tenerife y los vertidos de aguas residuales que se siguen enviando al mar.

El grupo de científicos del programa ´Canarias por una Costa Viva´, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente y gestionado por la ULPGC y WWF-Adena afirma que el aporte extraordinario de ´nutrientes´, que van directamente desde los retretes al litoral, combinado con la ola de calor, han contribuido a producir un crecimiento exagerado de estas algas filamentosas. Amén.

Si las depuradoras o no existen o no funcionan - a pesar de las obligaciones municipales en la materia, y de que todos los ayuntamientos y empresas concesionarias cobran religiosamente las tasas de depuración, en lo que, en castellano vulgar, puede denominarse engaño-lo natural es que las aguas residuales acaben en los barrancos o en el océano. Muchos testigos presenciales tuvieron clara la vinculación desde el primer momento: "esto es mierda", dijo una vecina de
la capital que pasaba unos días de descanso en Taurito". Una periodista de vacaciones fue igual de contundente: "el Ayuntamiento puede cantar misa, pero esto está producido por los colectores".

La demostración científica ha llegado finalmente. Es un fenómeno natural que se ha acelerado porque asombrosamente se vierten aguas negras sin tratar a una costa que es utilizada por millones de personas al año, y que constituye el mostrador del más fenomenal negocio de la historia de Canarias. Además de todos los aspectos relacionados con la sanidad y el ecosistema. Y lo que aturde a las personas sensatas y temerosas de Dios es la pasividad con que se aceptan estos problemas. ¿Qué dirán los turistas? Ellos -como los naturales del país- contemplan asombrados como se acerca a tierra una mezcla inmunda sin que nadie reaccione: no hay embarcaciones descontaminadoras dotadas con mangueras de succión para ´chupar´ la porquería, no hay una alerta por motivos de salud pública y elemental prevención de riesgos. ¿Que se trata de plantas marinas? Por supuesto. También los tiburones son animales marinos y su presencia obliga a tomar precauciones. Todo ello en medio de una seria crisis turística en la que lo único obvio es que hay que apostar por la calidad, la seguridad y el paisaje para captar nuevos clientes y fidelizar a los viejos.

Esta frivolidad no es inédita. Hace unas semanas se produjo un sainete a causa de la ´bandera azul´ de la playa de Las Canteras que demostró hasta qué punto las autoridades padecen, quizás por los calores, que si no matan desde luego atontan, un misterioso proceso de flojera mental. El concejal correspondiente se llevó las manos a la cabeza, y muchos vecinos y algunos columnistas clamaron de inmediato contra la ´afrenta´. Las Canteras, se dijo, es la joya de la corona. Y es verdad. Pero la ´Bandera Azul´ tiene unas características esenciales que figuran en el contrato. Para estar izada, la playa en cuestión tiene que reunir una serie de condiciones de excelencia, y si por alguna razón en un momento dado no las reúne, pues se arría hasta que las tenga. Si se hace un análisis y se detectan ´colis´, o sea, excrementos, hay que
bajar la bandera. Algunos dijeron que había que hacer un contranálisis, y que era sospechoso que al día siguiente el mal hubiese desaparecido. Esto es una majadería: cuando la Guardia Civil hace una prueba de alcoholemia y ésta da positivo, veinticuatro horas después puede dar negativo. Si se hace una fiesta multitudinaria y cientos de personas, ante la inexistencia o lejanía de los guardias, hacen sus ´necesidades´ en la orilla, es normal que en los siguientes días quede algún ´rastro´ hasta que el viento y las mareas alejen los elementos en cuestión. Si hay un fallo en una alcantarilla
y se produce un ´reboso´, hay que bajar la bandera; si se le cae el techo al balneario y hay que cerrarlo, hay que bajar la bandera; si hay una huelga de basuras y no se limpia la arena, hay que bajar la bandera; si por ´h´ o por ´b´ los vigilantes de la Cruz Roja no están en su puesto, hay que bajar la bandera, si se celebra un jolgorio con impacto acústico, hay que bajar la bandera... lo mismo que hay que poner la bandera roja si hay temporal y la amarilla si sólo hay que tener cuidado.... Y Las Canteras sigue siendo una playa magnífica. Estas son las reglas, y todos estos espectáculos de lágrimas de cocodrilo y dignidad herida es puro teatro de pueblo. Pantomima de mediocres. Lo peor de todo es que no hay propósito de la enmienda ni la más leve autocrítica. Por eso la historia se repetirá. Hasta el batacazo.

Los límites del conocimiento científico y sus repercusiones sociales : el pensamiento de algunos sectores ecologistas

Los límites del conocimiento científico y sus repercusiones sociales : el pensamiento de algunos sectores ecologistas Francisco Castejón

Página Abierta, mayo de 2004, n. 148

El conocimiento científico, sus contenidos y cómo se elabora tienen una gran influencia sobre la sociedad y sobre el pensamiento. El método científico goza de un gran prestigio como forma de conocimiento, y a menudo asistimos a discusiones sobre si tal o cual forma de aproximarse a la realidad es o no científica.

Además de en los ámbitos académicos, la ciencia y la técnica tienen una poderosa influencia sobre nuestra forma de vida, puesto que vivimos en una sociedad muy tecnificada que ha alterado severamente, para bien y para mal, el medio físico. La ciencia y la técnica nos permiten separarnos de las ataduras de la Naturaleza; nos ayudan, por ejemplo, a combatir la enfermedad o a vivir en un mundo con menos amenazas. El gran desarrollo cultural que ha alcanzado la humanidad, aunque mal repartido y a menudo peor enfocado, es otro de los logros humanos a los que han contribuido la tecnología y el conocimiento científico.

Pero también el uso de la tecnología y la forma en que se aplica el conocimiento científico acarrean efectos negativos. Hemos visto cómo aparecen algunos problemas sanitarios modernos, que antes no existían, por un uso indebido de ciertas técnicas. Por ejemplo, el mal de las vacas locas, que se debe a la alimentación de tales animales a base de harinas cárnicas. Esta forma de alimentar a las vacas favorecía su rápido crecimiento y, además, permitía el reciclado de proteínas que, de otra forma, se perderían. Sin embargo, la enfermedad viene a frustrar este empeño. Y es posible encontrar muchos más ejemplos de problemas generados por un uso extensivo y equivocado de ciertas técnicas que, finalmente, tienen efectos negativos sobre la salud de las personas: la contaminación del aire generada por los tubos de escape de los coches, la contaminación química que se produce en la elaboración de ciertos bienes, las afecciones que causan los procesos de generación y uso de la energía, etc.

Algunos de los impactos ambientales del uso extensivo de la tecnología superan el marco local donde se producen y tienen efectos sobre toda la biosfera. La aparición de fenómenos como el cambio climático permiten que se pueda afirmar que nuestro estilo civilizador está generando lo que se ha dado en llamar crisis ecológica.

La solución de muchos problemas ecológicos de esta índole o, incluso, la mera evaluación de su alcance demandan más conocimiento científico. Sin embargo, en el tratamiento de muchos problemas la ciencia ha alcanzado su límite y no es capaz de predecir con certeza lo que va a suceder ni, mucho menos, de proponer soluciones. Además del cambio climático, podemos señalar las lluvias ácidas o el ejemplo de las mareas negras, que se citó en el artículo (1) que pretende apostillar este texto.

Los límites del conocimiento científico

El propio estado del desarrollo de las ciencias y la tecnología es el primer límite del conocimiento científico. El conocimiento llega hasta donde llega, y no más allá. No podemos aspirar a obtener respuestas técnicas para algunos problemas que la comunidad científica no ha resuelto o que ni siquiera se ha planteado. Sorprende, por ejemplo, el desconocimiento de las propiedades físicas y químicas del fuel que transportaba el Prestige cuando se hundió, a pesar de que cientos de barcos surcan los mares con miles de toneladas de tal sustancia. A menudo, en el mundo moderno, aparecen preguntas que caen en la zona gris del conocimiento o, directamente, sus respuestas son desconocidas.

El carácter siempre provisional de las verdades científicas (2) es otro límite inherente a este tipo de conocimiento, por su propia naturaleza. La acumulación de experiencias que contradicen una teoría determinada darán al traste, finalmente, con esa teoría, dejando lugar a otra nueva. Según dijo Thomas Khun (3), la acumulación de anomalías acabará con un paradigma, o sea, con un conjunto de conocimientos y una visión de la realidad de la Naturaleza, dejando lugar a un nuevo paradigma. La visión de Popper sobre las teorías científicas, que han de ser falsables, incide también en este hecho. Una verdad científica se sustenta hasta que se demuestra que no era verdad, hasta que finalmente aparecen resultados experimentales que la contradicen.

Muchos de los problemas a los que los expertos se enfrentan hoy en día son muy complejos. Tienen múltiples facetas y son multidisciplinares, por lo que requieren la participación de múltiples expertos de diferentes especialidades. A menudo se exigen respuestas rápidas en situaciones en las que el estado del conocimiento no es capaz de darlas. En estas situaciones aparecen numerosas dificultades de coordinación, con la aparición de posibles desacuerdos que dificultarán más el avance hacia la solución del problema. Además, las posibles decisiones que han de tomarse no son unidireccionales, lo que obliga a elegir entre un tipo de actuaciones u otras. Los bienes que se deben proteger son a menudo inconmensurables, por lo que es imposible elegir bajo premisas objetivas. Esto se puso de manifiesto durante la catástrofe del Prestige, por ejemplo, en la elección de las técnicas de limpieza del fuel: la limpieza de los acantilados obliga a devolver el fuel al mar y, por tanto, hay que elegir qué se prefiere, si esperar a que los acantilados se limpien de forma natural o verter algo de fuel a las aguas, que lo depositarán en otros sitios.

En el tratamiento de algunos problemas se puede dar la interacción con sistemas muy complejos, como la sociedad, la economía o el sistema político administrativo. Aquí la búsqueda de certezas es una tarea ardua. La construcción de predicciones sin dejar hueco para la incertidumbre puede dar lugar a errores que, tarde o temprano, saldrán a la luz, con el consiguiente desprestigio del predictor. Y lo que es peor, las personas que le hayan creído se sentirán engañadas y las medidas tomadas a partir de esas predicciones pueden no tener el efecto corrector deseado. Dicho sea de paso, poco hueco queda para el determinismo de la evolución de la historia humana.

Más que por los embates posmodernos procedentes de pensadores como Latour o Woolgar (4), la ciencia normal incorpora esta visión de los problemas por su propio careo con la incertidumbre y el hallazgo de problemas complejos, no lineales y difícilmente predecibles. La incertidumbre aparece como una característica inevitable de algunas disciplinas científicas: Física estadística, Mecánica cuántica, Ciencias de la complejidad y el caos, etc. En algunos países aparecen centros de investigación interdisciplinares que atacan este tipo de problemas. Por otra parte, la filosofía y la sociología de la ciencia atacan la reflexividad de los problemas científicos y tratan de superar la barrera que las separa del método y, sobre todo, del lenguaje científico.

En el campo meramente científico, las ciencias de la complejidad toman cada vez más protagonismo, y con el apoyo de la filosofía, las comunidades científicas se vuelven más permeables a otro concepto de verdad científica, aunque todo esto ocurra muy lentamente y todavía en ejemplos concretos. La comunidad científica no es especialmente flexible ni dada a los cambios fáciles. La inercia es muy grande, precisamente por el apego que tienen los científicos a su conocimiento, que les permite seguir su actividad de producción de ciencia normal, en el sentido de Khun: las actividades de la ciencia normal son las que se producen bajo un paradigma y que no conducen a la invalidación de ese paradigma. El desarrollo de la ciencia normal es justo el que va a permitir generar tecnología y aplicar los conocimientos a la vida cotidiana.
En las situaciones de riesgo, suele actuar la llamada ciencia posnormal (5), formada por un conjunto de conocimientos que todavía no constituyen un paradigma, con lo que se camina por terrenos pantanosos, o también hay problemas que caen debajo de la égida de la ciencia normal, pero para los que ésta aún no ha encontrado soluciones apropiadas.

Las respuestas sociales ante la incertidumbre

Las incertidumbres del conocimiento científico afectan, como ya se ha dicho, a la sociedad. Ésta ha de desarrollar estrategias para enfrentarse a los nuevos riesgos procedentes tanto de la aplicación de la tecnología como de la Naturaleza, con los que ha venido conviviendo desde siempre.
Una primera estrategia inteligente es la aplicación del principio precautorio, que consiste en impedir las actividades que conduzcan a riesgos. Si existen incertidumbres sobre los efectos de una determinada acción, lo mejor es no realizarla. Así formulado, resulta eficaz, pero este principio no deja de presentar algún problema. Su aplicación en exceso puede conducir a la parálisis, puesto que siempre habrá riesgos e incertidumbres en el conocimiento de los sistemas complejos. Algunos de los límites del conocimiento científico apuntados anteriormente son inevitables. Hay que vivir con ellos. El principio precautorio llevado a sus últimas consecuencias nos conduciría a la inaplicabilidad de muchas tecnologías.

Hay que decir, sin embargo, que en algunas situaciones de riesgo no existe tal problema y que es posible vislumbrar qué hacer. Me refiero, por ejemplo, al problema del cambio climático. Existen numerosas incertidumbres sobre cuán avanzado está el proceso de cambio del clima y sobre su evolución futura. Pero se sabe a ciencia cierta que los gases de invernadero son uno de los factores que regulan el clima de la Tierra y también se sabe que la concentración de estos gases en la atmósfera ha aumentado por la actividad humana. El principio precautorio no deja lugar a dudas en este caso, y lo más sensato es tomar medidas para reducir esas emisiones, aunque ello implique introducir profundos cambios en nuestras vidas.

La participación ciudadana es otra buena solución ante la incertidumbre. Es la salida que más se ajusta a los principios éticos y también la más democrática. Si no hay suficientes elementos de juicio para abordar el problema con plena certidumbre, al menos lo más democrático es que las personas que van a sufrir las consecuencias de una determinada decisión puedan opinar. Igualmente, si las medidas que han de adoptarse dependen fuertemente del enfoque cultural y de los valores, la mejor guía es tener en cuenta a la comunidad. Esta propuesta presenta también claroscuros. En primer lugar, el tejido social es a menudo muy débil para intervenir eficazmente en la toma de decisiones o, siquiera, para ser consultado por los poderes públicos. Si bien es verdad que, en ocasiones de crisis, la sociedad es capaz de demostrar un gran vigor, como ocurrió con la población gallega en el caso del hundimiento del Prestige.

La apuesta por aumentar la participación presenta también otro problema para ser una buena salida ante las situaciones de incertidumbre: las asociaciones o los agentes sociales que actúen de mediadores necesitan de asesoría para intervenir de forma sensata. Será necesario realizar un esfuerzo por vulgarizar el conocimiento científico porque, de otra forma, sólo queda la confianza en los expertos. Claro que, en todo caso, las asociaciones ciudadanas siempre tienen la posibilidad de aportar sus propios expertos de confianza para que intervengan en el debate sobre las posibles actuaciones o para que hagan un seguimiento de las medidas que se toman. Podemos encontrar ya algunas experiencias en el mundo de este tipo de acciones. Por ejemplo, en Bélgica existen dos proyectos para contar con la participación ciudadana en relación con las decisiones que se deben tomar acerca de la instalación de un cementerio de residuos de media y baja radiactividad procedentes del complejo nuclear belga Mol. Son los proyectos Stola y Moa, donde están representados asociaciones ciudadanas y partidos políticos, a los que se informa y consulta sobre todos los pasos que se dan.

El pensamiento de algunos sectores ecologistas

El pensamiento ecologista se basa, necesariamente, en el conocimiento científico, puesto que considera las relaciones entre la sociedad y el medio. Por ello, el pensamiento ecologista necesita el conocimiento del medio tanto como la información sobre los comportamientos sociales. El pensamiento ecologista es, entonces, uno de los afectados por los límites del conocimiento científico desarrollados en este trabajo y que deberían ser tenidos en cuenta.

Sin embargo, algunos sectores ecologistas son impermeables a las incertidumbres y producen un pensamiento que no tiene en cuenta éstas y los límites del conocimiento científico. Para empezar, la visión que tienen de la ciencia y de los procesos que suceden en la Naturaleza son demasiado anticuados y mecanicistas; una visión heredera de las ideas del siglo XIX, cuando las ciencias eran deterministas y no dejaban lugar a la incertidumbre, salvo en la respetable excepción de la termodinámica.

Algunos sectores del ecologismo se empeñan, hoy en día, en una búsqueda incesante de certezas, tanto si el estado actual del conocimiento lo permite como si no. Ignoran las aportaciones no deterministas de las ciencias y pasan por alto la existencia del caos, la incertidumbre y la complejidad. El determinismo se extiende también a las predicciones del devenir de la sociedad. Algunos pensadores ecologistas se aventuran a hacer predicciones en campos donde los procesos son muy complejos para permitir saber hacia dónde conducen. A menudo, buscan una única causa que explique lo que se observa, a pesar de que, como las ciencias modernas van comprendiendo, con frecuencia existen múltiples causas que sólo juntas pueden explicar lo que sucede. Un ejemplo de esto es el intento de explicar todo lo que ocurre en el mundo a partir de los procesos económicos. Se atribuye al poder económico (socialista o capitalista) la responsabilidad de todos los desaguisados ambientales, sin tener en cuenta el complejo devenir social, que incluye cambios en el consumo, en la cultura, en la ciencia y la tecnología.

Una consecuencia extrema del determinismo es el catastrofismo. Las ideas catastrofistas tienen mucho éxito entre el ecologismo, por dos causas. En primer lugar, existe el motivo bienintencionado de quienes piensan que las ideas catastrofistas pueden resultar movilizadoras, sin tener en cuenta los problemas que esto conlleva. Se predica la catástrofe basándose en certezas que no existen, por lo que el tiempo acaba poniendo a cada cual en su sitio. Si alguien predice que algo va a ocurrir en un determinado lapso de tiempo y tal cosa no sucede, pierde credibilidad y demuestra la debilidad de sus planteamientos, con lo que, finalmente, pierde capacidad movilizadora y de influencia social.

Existen varios ejemplos de catástrofes auguradas por algunos sectores del ecologismo y no cumplidas o, al menos, no cumplidas en la forma en que se decía. Por ejemplo, a principios de los noventa se decía que la población mundial se había disparado y que en el año 2000 alcanzaría los 10.000 millones de habitantes, y que se duplicaría cada 10 años. En la actualidad, la población es de unos 6.000 millones de habitantes y la tasa de crecimiento es tal que se duplica cada 50 años. No es que el crecimiento de la población no sea un elemento a tener en cuenta a la hora de estudiar impactos ambientales o reparto de recursos, pero no era un factor de consecuencias tan terribles a corto plazo como se decía.

El segundo motivo tiene algo de resentimiento social. Es como si, en el fondo, se sintiera cierta alegría ante los problemas irresolubles que “el sistema” debe afrontar. Ya que ni los gobernantes toman las medidas necesarias ni la sociedad cambia su forma de vida, aparece un deseo oculto de que sufran las consecuencias de sus actos.

Sin embargo, se defiende la incertidumbre cuando se adapta al mensaje que se quiere transmitir. Por ejemplo, la oposición a la biotecnología se basa en las incertidumbres que rodean tal actividad. En relación con ésta, algunos sectores ecologistas piden la interrupción de todas las actividades relacionadas con la manipulación genética, incluidas las investigaciones. Y esto a pesar de que en algunos casos los riesgos están controlados y, previsiblemente, la actividad puede aportar un bien para la sociedad a medio plazo.

El problema de fondo es que, con mucha frecuencia, el conocimiento de la ciencia se distorsiona o se niega para plegarlo a lo políticamente correcto, a la necesidad de hacer un discurso de combate. Si el conocimiento científico no conviene a nuestros fines, lo ignoramos.

El ecologismo a menudo atribuye la responsabilidad de las afecciones sobre el medio a los poderes económicos y, como mucho, a las administraciones públicas, que son sus sirvientes. Sin embargo, una visión más compleja mostraría que se trata de una responsabilidad compartida por las administraciones que no han puesto medios preventivos y por los ciudadanos que optamos por una forma de vida. Es evidente que cuanto más poder se tiene también se tiene más responsabilidad en lo que acontece; pero también es claro que el actual estado de cosas no sería posible sin la condescendencia de la población. No es fácil engañar durante mucho tiempo a la sociedad. Por ejemplo, el uso del automóvil privado, a pesar de los problemas que acarrea para el medio ambiente urbano y rural y para la salud de las personas, está muy extendido porque la gente obtiene beneficios de su uso. El argumento fundamental para dejar de usar el automóvil masivamente ha de ser ecológico y de solidaridad con el resto de la comunidad, no el de hacer ver a la gente que está engañada.

En la dinámica normal de la sociedad que se da en este estado de cosas existen, eso sí, grandes intereses y nichos de negocios donde operan muchas personas sin escrúpulos que no reparan en los daños que producen al medio y a otras personas.
Los lectores habrán ya deducido que no estoy, ni mucho menos, en contra de la aplicación de los conocimientos científicos y tecnológicos. Creo que pueden aportar mucho a nuestras vidas y que sirven para hacernos la existencia más fácil. También creo que el desarrollo cultural e intelectual que, en suma, nos permite ser más conscientes y, por qué no, nos abre una fuente de disfrute, le debe mucho al conocimiento científico y a la tecnología. La ciencia y la tecnología son sólo negativas cuando se usan de forma insensata. Las incertidumbres son muchas y deben impregnar nuestro discurso para que sea riguroso. En muchos casos, estas incertidumbres desaconsejan el uso de algunas tecnologías o, al menos, su extensión a toda la sociedad.

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(1) J. Álvarez Yágüez y C. García González, “Expertos, ciudadanos, decisiones y riesgos”, PÁGINA ABIERTA, número 138, de junio de 2003.
(2) K. Popper publicó en 1959 “The logic of the scientific discovery”, cuya traducción al castellano fue editada por Tecnos con el título “La lógica del descubrimiento científico”. Según las ideas de Popper, una teoría científica, para serlo, ha de ser “falsable”, es decir, se ha de poder demostrar que esa teoría puede fallar. Este es el sino de todo el conocimiento científico. Al final, está condenado a demostrar que está equivocado en alguna de sus afirmaciones.
(3) Ver T. S. Khun, “La estructura de las revoluciones científicas”, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1990. Su título original fue “The structure of scientific revolutions”, y fue publicado en Chicago en 1962. Se trata de un libro muy inteligible e interesante que explica la forma en que avanza el conocimiento científico.
(4) Latour y Woolgar son sociólogos de la ciencia que llegan a poner en duda la existencia de referencias externas sobre las que basar las “verdades científicas”. Existe una afirmación de Bruno Latour que muestra el carácter de su pensamiento: recientemente se ha descubierto que Tutankamon murió de tuberculosis, afectado por el bacilo de Koch. Pues bien, Latour afirma que no pudo morir de tal enfermedad porque los médicos de la época no la conocían.
(5) U. Beck, “La sociedad del riesgo global”, Siglo XXI, Madrid, 2002.

Pensar y vivir en color… el negro (sobre el ramal de Agaete)

Pensar y vivir en color… el negro (sobre el ramal de Agaete) Antonia Saavedra Suárez

CanariasAhora.com, 25-8-2004

Hay algunas personas que piensan negro y creen que desarrollo sostenible significa sostener en el sentido más puro y letal, perdón…..excusen mi dislexia, quería decir “literal” de la palabra. Sostener, según esta concepción, significa: apoyar, estribar, reforzar, sustentar, aguantar, resistir y todas sus acepciones nos conducen a la idea de viga, la majestuosa, solemne y pomposa viga que es la que cumple con esta dura tarea.

Con la pesada viga, nos acercamos a los términos cemento, mortero, hormigón y hierro, elementos éstos que precisa la viga para poder soportar el cansado peso en su espalda. El cemento fragua y se hace duro, como duro es el hierro, metal vetusto y noble que se utiliza semánticamente para hacer referencia a la dureza de la vida, a la dureza de la callosidad, al duro turrón, a la dureza del ladrillo, al duro trabajo al sol, a los pocos duros que se ganan, al cara dura, a la mano dura del tirano y a la dura realidad.

Este juego de palabras que comparten un mismo campo de significados es tan circular como circulares son las rotondas, ¡nada menos que cinco!, que a modo de ramilletes formarán parte del ramal de acceso al Puerto de Las Nieves. Semánticamente, ramal hace referencia a rama, a verde, a zona verde, que no es lo mismo que estar verde o poner verde, a vegetal, a naturaleza, así como ramillete hace referencia a puñado, a manojo, a ramo, a flores, sólo que… desafortunadamente, tanto ramal como ramillete son, en este caso y en contra de todo juicio de los sentidos y de la razón, de color negro.

La vertiginosa espiral de palabras, que al igual que el humo de la combustión escala a las alturas, nos lleva de nuevo al negro y éste, como si de una historia interminable se tratara, nos traslada al oscuro oscurantismo, a lo triste, lo opaco, lo sombrío y tenebroso y, desde ahí, al luto, al quebranto y al desconsuelo de una muerte que, inevitablemente, restringe los espacios vitales a nichos y tumbas. Desde ahí todo se ve negro y me pongo negro, en este día tan negro.

¡Ahora sí lo entiendo!: desarrollo sostenible significa sostener el ataúd, probablemente porque, en el transcurso de los años, cada vez se sienta más cerca.

Cortar un Naranjo

Cortar un Naranjo José A. Alemán

CanariasAhora.com, 25-8-2004

Da gusto el entusiasmo que despliegan los vecinos de Las Canteras al limpiar la playa. Y no les digo de cómo procuran entrañar a sus retoños con la arena y el mar junto al que crecen. Una muestra de civismo y de sentido lúdico que reconforta. Si ese espíritu se generalizara en la ciudad seríamos un poco más felices.

Pero el Ayuntamiento de Las Palmas, ya ven, no quiere. Los vecinos se ocupan de Las Canteras y los responsables municipales se desentienden. A pesar del ruido que meten sus megafonías y demás desde el alba para hacer creer que se ocupan y que constituyen una forma agresiva de ensuciar el relax de los usuarios. Es que de un tiempo a estar parte proliferan las colillas en la arena. Bien sabemos que hemos criado mucho guarro, que hay desaprensivos insensibles al esfuerzo vecinal de las limpiezas de choque periódicas. Hay que contar con ellos. Pero la realidad es que el Ayuntamiento no toma medidas para que las colillas no vayan a parar a la arena. Es cuestión de vigilancia y sanción pero, sobre todo, es asunto de que se recurra al reparto a los bañistas de pequeños envases, lo que llaman por ahí “cucuruchos”, para que los fumadores no hagan de las suyas. Se hace en otros sitios, en otras playas, y si mal no recuerdo, también se hizo un tiempo en Las Canteras.

Uno comprende, claro, que es trabajoso para los munícipes disponer y organizar ese reparto. No es soplar y hacer botellas. Hay que prever muchas cosas, estudiar los días y las semanas de mayor afluencia, tener una presencia para que los bañistas vean que la cosa va en serio, desplegar campañas imaginativas de persuasión y de estímulo de la solidaridad suficiente para no empuercar lo que es de uso común en perjuicio de los que vienen detrás, que también son hijos de Dios. Todas esas cosillas que hacen, en definitiva, llevadera la vida en común en las grandes concentraciones urbanas.

Es trabajoso pero, desde luego, más agradecido para la opinión pública que la fiebre de talar palmeras que padece el Ayuntamiento. No puede decirse que en esto peque el concejal responsable, Antonio Naranjo, del gandulismo que atribuyó a los políticos el delegado del Gobierno, José Segura, en las páginas de La Provincia. Naranjo observó que la fronda espesísima de las palmeras sirve de refugio a delincuentes y drogotas y las taló sin piedad con lo que, de paso, impulsó la venta de maceteros y de plantas de reposición, que es donde está el negocio de la jardinería privatizada. Y para que veamos todos que las críticas no prevalecerán sobre su determinación, autorizó el traslado de las del Banco de España, en la calle de León y Castillo. Aunque éstas, es verdad, que tuvieron mejor suerte ya que, al no estar en sitio público sino en el coto ajardinado de la entidad bancaria, se beneficiaron de su traslado a otro lugar, a salvo de la ferocidad municipal.

No puede decirse que Naranjo le haya hurtado el hombro al trabajo palmericida. Pero sí que lo dio todo para castigar el verde ciudadano y nada le quedó para ocuparse de Las Canteras, de su limpieza permanente porque ya eso, queridísimos míos, es hacer uso de recursos humanos y mecánicos, aparte de los imaginativos, en paradero desconocido.

La responsabilidad de que la playa esté limpia y la tarea de concienciar al conciudadanaje de que eso conviene ha recaído, así, en los vecinos y los usuarios forofos de Las Canteras que han hecho religión del bañito y de la caminada y sugirieron a Manolo Padorno la concepción de Las Canteras como catedral de la luz que nos baña a todos. Ya les dije que reconforta la actitud de los vecinos, pero me parece, qué quieren, que Naranjo está llevando demasiado lejos sus nociones neoliberales, de no intervención de los poderes públicos para que la iniciativa privada corra con todo. “Luzardo, cortáte tu Naranjo” es el último grito en pintadas urbanas. Con que a ver.

Vandalismo municipal

Vandalismo municipal Angel Tristán Pimienta

La Provincia, 21-8-2004

Sabido es que muchas personas no pueden ponerse corbatas de color verde: si tropiezan y se caen al suelo se las pueden comer al confundirlas con hierba. Por eso no es de extrañar que el concejal de Parques y Jardines cometa un nuevo palmericidio, la tala de ocho magníficas washingtonias en la calle Torres Quevedo, con el pintoresco argumento - y según muchos entendidos, subnormal justificación- de que las dichas palmeras daban sombra y fomentaban la inseguridad. Lo de que las palmeras dan sombra es cierto: consultados algunos expertos botánicos confirman que aun no se ha descubierto la palmera trasparente; sí es verdad que hay algunas de metacrilato, o de puro plástico, como las que algún genio del diseño colocó en el intercambiador de Santa Catalina, pero naturales y traslúcidas, no. Lo de que fomenten la inseguridad suena, también, a tomadura de pelo: ¿que los camellos pueden guardar papelinas en el tronco? Claro, y en los bancos de la Catedral y hasta en el falso techo de las Oficinas Municipales.

La Guardia Civil detecta todos los días en Barajas droga camuflada en las maletas y a nadie se le ha ocurrido proscribir los equipajes. ¿Que se pueden esconder tras ellas los maleantes? Más son los que se agazapan tras los vehículos para pegar el tirón y Pepa Luzardo no ha ordenado suprimir el tráfico rodado en la capital ni escachar a todos los coches. Sospechan los vecinos que la tala obedece a otras razones más prosaicas, como procurar un estacionamiento para los camiones de una obra cercana. Pero lo que asombra es la impunidad con la que cualquier salvaje atenta contra el patrimonio vegetal: si un árbol molesta, en vez de adaptarse a él, como en toda la Europa civilizada, se opta por lo más fácil: el serrucho.

Ni siquiera se considera la posibilidad del trasplante: son seres vivos que durante años han sido cuidados hasta alcanzar un porte soberbio. Merecen una consideración; al menos la posibilidad de que puedan sobrevivir en otro lugar. El problema de fondo es la falta de sensibilidad de muchas autoridades; su clamorosa falta de respeto a los ciudadanos. Los vecinos de la Playa Chica y de toda la zona están indignados por lo que consideran trampas y engaños de los responsables municipales. Les enfada la muerte de estos ejemplares que dignificaban la calle y el barrio; pero les ´encabronan´ las mentiras. "Y es que la cabra siempre tira para el monte", decía una señora extranjera. Un socialista que llamó por teléfono aprovechó la circunstancia para llevar el agua a su molino: "por este comportamiento perdió el PP las elecciones, porque no nos decía la verdad, por creer que los españoles somos idiotas". La reacción de la gente fue contundente: colocaron las hojas abanicadas en el suelo, quisieron cortar el tráfico, discutieron con los Policías Locales y, sobre todo, dejaron claro que consideran una gamberrada y una muestra de incivismno e incultura - que tiene el agravante de la reincidencia- lo que ha hecho el edil Naranjo (para más inri).

La repetición de estos hechos - en ninguna parte de Europa se trata a los árboles con igual desprecio- lo que pone de manifiesto es la inconcebible impunidad de los que cometen estos desafueros, que no son destituidos fulminantemente ni sometidos a una investigación por los organismos competentes. Es asombroso que no tengan conciencia de su ridículo social, de su manifiesta incapacidad para desempeñar cargos y de su condición de peligro público.

¿Cuántos árboles se han perdido innecesariamente, por puro capricho, quizás por algún complejo inconfesable? Y lo que ya alcanza caracteres de fenómeno psicológico digno de estudio -porque prevenir es curar- es que encima la Consejería de Obras Públicas, supongo,
coloque en algunas rotondas de la Circunvalación -concretamente en las que están en las cercanías de Barranco Seco- los muñones secos se unos laureles de indias centenarios, arrancados de cuajo de antiguas fincas y casas solariegas. Y que fueron situados a modo de decoración, como si fueran tinajas, sin ponerles un riego adecuado para hacerlos revivir. Lo que se está haciendo es dejar que se sequen al sol. De diván de psicoanalista.

Volvamos a Las Canteras: la segunda razia ha demostrado que la intención ahora ya no encubierta es ´despejar´ la calle para el mejor tránsito de vehículos pesados... sin que sea absolutamente imprescindible, aprovechando una protesta de los empresarios sobre la delincuencia y una propuesta absurda y disparatada . Hay alternativas blandas, pero como dice el conocido aforismo "lo que natura non dat, Salamanca non prestat".

El Confital no se puede utilizar como tapadera para disculpar este tipo de locuras, que no tienen que ver con el famoso ´golpe de calor´ de la vicepresidenta Julios, sino con una explosiva y destructiva mezcla de carencia intelectual y soberbia política. Si el ´Confital es nuestro´ estas palmeras también lo eran. La prepotencia donde se observa es en que han pasado 24 horas y nadie ha presentado una disculpa, nadie ha pedido perdón a la Ciudad. Y es que no hay voluntad de enmienda, sino de ´jodienda´.

Arboles asesinados

Arboles asesinados Rafael G. Morera

La Provincia, 20-8-2004

No sé que fijación tienen los chicos/as del Partido Popular con los árboles, y por ende, con toda la naturaleza natural, y dos piedras, nunca mejor dicho, si son dos ladrillos, más rentabilidad. El último "arboricidio" del Concejal de Zonas Verdes, Antonio Naranjo, tiene soliviantados a los vecinos de Torres Quevedo, que todavía no salen de su asombro al contemplar la tala ejecutada en esta calle de la zona de Las Canteras. Como si estuviéramos sobrados de zonas verdes. Antonio Naranjo va y se saca la sierra mecánica del bolsillo de su imaginación (sic), y como parafraseando a Alejandro Casona en su inolvidable obra Los árboles mueren de pié, empezó a darle escopetazos, emulando a los norteamericanos en Nayaf, que ya saben es una ciudad iraquí que resiste a las tropas del imperio de Bush desde hace dos semanas.

Antonio Naranjo ha hecho bueno al anterior concejal de Parques y Jardines, Fernando Morales, y al dicho popular de que "más vale malo conocido que bueno por conocer". De momento los vecinos de Torres Quevedo lloran con rabia la desaparición de estos árboles que nosotros recordamos desde nuestra niñez, y ya digo, con la falta de verde que padece esta entrañable ciudad, ya me dirán que conclusiones puede uno sacar. No me extraña que José Manuel Soria ande haciendo barrabasadas en Los Tiles de Moya, que también es capaz de "entubar" a los árboles que superviven de la época guanche de Doramas, como han hecho con el agua, que a este paso las acequias serán un recuerdo de nuestros años mozos, y los árboles algo extraño que los niños de hoy nunca más volverán a ver.

Me doy una vuelta por Torres Quevedo, y el alma se me cae a los pies, pero veo con rabia que no puedo resucitar a los árboles. Mi vecina del quinto le pone un poco de ironía a esta salvajada urbana, y me dice que "un amigo de Elche, que se ha enterado del asunto, y me dice que por favor, Antonio Naranjo no se acerque por la ciudad de las palmeras, que es capaz de talarlas todas". A mi no me extraña nada, si fueron capaces de atentar contra el 'Arbol del Responso', no se pararán ante un modesto árbol que quede en pié.

La Vega de San Lorenzo, a salvo

La Vega de San Lorenzo, a salvo José Vega

CanariasAhora.com, agosto 2004

Después de una lucha de varios años en la que desde la Plataforma para Salvar las Charcas de San Lorenzo se realizaron diversas acciones reivindicativas exigiendo la anulación del proyecto de campo de golf, se ha logrado poner a salvo esa zona. Las acciones aportaron un proyecto alternativo para la zona, un proyecto que va más allá de la simple negativa, un proyecto mediante el cual no sólo se salvaguardarán los estanques de barro y con ello las aves que los utilizaban para anidar sino también las estructuras etnográficas y culturales que dieron lugar a este paisaje por medio de la recuperación de los estanques y, en la medida de lo posible, de los cultivos de la zona además de crear observatorios de aves y espacios para la práctica del senderismo y de otros deportes de contacto con la naturaleza, sin olvidar la educación ambiental.

Primero se logró salvaguardar los estanques restando espacio al campo de golf, aunque eso no era suficiente ya que se hubieran visto gravemente afectados, no sólo ellos sino el sistema que los sostiene, además de desaparecer las estructuras agrarias e hidráulicas y verse expulsadas decenas de personas de la vega para un proceso de privatización de facto del espacio.

En el pleno del pasado 30 de julio, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria suspendió el campo de golf y la urbanización de 350 chalets aneja con lo que el movimiento popular y ecologista consigue un logro de gran importancia al abrir la posibilidad de establecer en la vega de San Lorenzo el Parque Agroambiental César Manrique para la conservación de las riquezas naturales y abrir un espacio para el ocio, disfrute y educación de la mayoría de la ciudadanía.

En una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, donde el hormigón y el asfalto ocupan espacios cada vez mayores, donde el hacinamiento aumenta a niveles alarmantes se hacen necesarios, más que nunca, espacios de este tipo que son un derecho para la ciudadanía, para su desarrollo como personas y como colectividad.

Un derecho a futuro

Un derecho a futuro Angel Tristán Pimienta

La Provincia, 16-8-2004

Miren ustedes por donde, la UNESCO aprobó en una reunión de especialistas celebrada en febrero de 1994 en La Laguna el proyecto de una ´Declaración Universal de los Derechos de las Generaciones Futuras´. Un paso en esa dirección ha sido la reciente propuesta del Instituto de Astrofísica de Canarias de arbitrar con carácter mundial una protección del cielo que limite la ´contaminación lumínica´ y asegure que la bóveda celeste podrá ser contemplada universalmente y sin limitaciones.

No es la primera vez que se plantea esta cuestión del derecho que los que no han nacido todavía, los hombres del futuro, tienen a conocer y disfrutar de una Tierra en condiciones. No obstante, esto es algo que a mucha gente no acaba de entrarle en la cabeza. Hay mucho fanático ´ultracapitalista´ suelto - en el fondo, nostálgicos de la ley de la selva- que no conciben una barrera que se interponga entre la sensatez y sus ocurrencias. Políticos ´neoliberales´ existen en las Islas que, por poner un caso concreto, defienden una urbanización ilimitada del territorio. "En Lanzarote - comentaba un dirigente de derechas- hay suelo para al menos los mismos habitantes que tiene en la actualidad Gran Canaria; por lo tanto, si caben cuatrocientas mil personas más, o medio millón, ¿a qué viene tanto aspaviento?" Algo parecido se plantea con Gran Canaria: "aparte del suelo protegido, que es un tercio, ¿qué inconveniente hay en edificar en todo lo demás?". No son frases inventadas, son pensamientos expresados ante testigos que incluso en alguna ocasión han sido llevados al papel.

El problema es la velocidad. En la Avenida Marítima el Ayuntamiento de la capital ha instalado unos paneles luminosos que recuerdan la obligación de no pasar de ochenta kilómetros por hora, a la vez que advierten al automovilista de que la velocidad, como el tabaco, puede matar, y que los motoristas han de ir con caso por si acaso. La ´velocidad´ no es una característica exclusiva de los coches o de los aviones o de los barcos, con la competencia entre los jet foil y los ferries. También en distintas facetas económicas la velocidad cuenta: no es lo mismo crear mil empleos al mes que al año; no es lo mismo construir mil viviendas sociales en un quinquenio que en doce meses. No es lo mismo, tampoco, aprovechar las circunstancias de un desarrollo superacelerado, como consecuencia de medidas extracorpóreas que lo incentivan artificialmente -la RIC, o los Fondos Europeos- para ocupar todo el suelo que demande la coyuntura, que actuar según una planificación que tenga en cuenta una serie de factores. En el fondo, en el Archipiélago se ha llegado a una situación en que hay que replantear el famoso ´modelo´ que, como todos los monocultivos, ha llegado a un punto de contradicción, a ese estadio en que se puede ´morir de éxito´.

La limitación insular es una realidad: las distancias hay que entenderlas en esa clave. En la Península se sube uno a un automóvil y puede llegar a Vladivostok: aquí el punto más lejano oscila entre los cuarenta y los ciento cincuenta kilómetros. En sólo una década de crecimiento ´a tope´ podría llegar a ocuparse tal cantidad de metros cuadrados que en poco más los canarios de lo que queda por delante se tendrán que contentar con una mano de albeo.

Pero ´los Derechos de las Generaciones Futuras" son de distinto tipo. Tienen derecho a conocer el enclave de Vegueta tal cual; para ello hay distintas medidas protectoras del Patrimonio que, empero, no han servido para frenar el desenfreno de algunos peligrosos ignorantes que movidos por la soberbia han arrasado con los adoquines, especialmente protegidos, y con edificios emblemáticos, y que movidos por un equivocado concepto del mercado han ´puesto en valor´ lo que ya era de incalculable valor... espiritual. En la falta de tino de muchos ayuntamientos, que dejan que una mancha de casas garajeras suba por los riscos sin respetar ´ni sagrado lugar´, y en la mezcla de ceguera e incompetencia de algunos Cabildos que entuban barrancos y cortan el ciclo de la vida de los bosques de laurisilva, como ha ocurrido en Los Tiles de Moya, está agrediéndose también ese derecho al que la UNESCO trata de dar forma mediante una Declaración oficial y solemne. ¿Es razonable el ritmo con el que se construye en Agaete, que lleva camino de convertirse en un barrio dormitorio de Las Palmas? Hay arquitectos, con el ´rotting´ nervioso, que proponen ensanchar y prolongar la tela de araña de las carreteras para que cualquier sitio esté a un máximo de tres cuartos de hora de los túneles Julio Luengo. La consecuencia inmediata de este disparate, una vez rotos los equilibrios impuestos por las dificultades naturales de acceso al medio rural, sería una isla-barriada.

Este debate, que a muchos ´bushistas´ - su equivalente sería el español papanatas- les parece una romántica pérdida de tiempo y un divertimento de apolillados intelectuales de trenka, tiene ya muchas puntas de iceberg. Kioto y la Moratoria vienen a ser primos hermanos. A pesar de todo, existe una intuición ciudadana. Gracias a Dios (o a quien corresponda).

Siguen los derribos

Siguen los derribos José A. Alemán

CanariasAhora.com, 16-8-2004

No es la primera vez que la piqueta se lleva por delante, con premeditación, nocturnidad y buenos viajes de alevosía, algún edificio cargado de memoria y de referentes de Las Palmas de Gran Canaria. La relación sería interminable. No es que los psocialistas no metieran, en su momento la pata más de una vez, dicho sea para los forofos del y tú más, sino que los mandatos del PP han intensificado el ritmo de destrucción del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Esta vez no ha sido en Vegueta, a la que el Ayuntamiento postula cínicamente para Patrimonio de la Humanidad. Fue en la zona de Las Alcaravaneras donde el fin de semana pasado cayó el edificio de la antigua logia masónica Acacia. Yo no sabía que era proyecto de Miguel Martín, perdón, pero sí que fue diseñado expresamente para cumplir esa función específica de templo másónico, lo que le daba la singularidad suficiente para merecer no ya una reflexión, algo impensable en estos ediles, sino un respeto.

Me indignó tanto la noticia que me senté a escribir sin ni siquiera mirar si figuraba o no en el catálogo de edificios protegidos de la ciudad. Para qué perder el tiempo. Les da igual: también estuvo catalogado el cine Avenida en su día y se lo llevaron por delante tan ricamente. A veces me pregunto para qué ocupar espacio de archivo con este tipo de documentos si sé que son papel mojado en cuanto medien intereses lo bastante poderosos para influir en los mandarines. Sólo sirve, el catálogo, para hacer estadística de lo que ya desaparecido.

Es inútil lamentarse porque seguirá ocurriendo y tampoco se trata de vivir en un lloro cuando la capacidad reacción ciudadana es casi de cero. No van a hacer el menor caso. Por más que resulte alentadora que la mala conciencia les induzca a realizar las demoliciones a traición, en las tarde-noches de fines de semana prolongados. La cultura y la sensibilidad no figuran entre los fuertes de una clase política tan ignorante que lo mismo arrasa por palmeras con los más increíbles pretextos, como si fuéramos bobos, que por edificios de referencia.

Sigue, pues, el culto a la desmemoria. Que puede obedecer a una política programada o a eso, a simple ignorancia. O a las dos cosas. Que sería el caso, me temo. La forma en que el Cabildo soriano negó la ayuda comprometida anteriormente por la corporación a fin de recuperar para la ciudad el archivo personal de Juan Negrín revela el sectarismo en este tipo de actuaciones. Al fin y al cabo, Negrín se relaciona con una época de la que también fue testigo el edificio masónico derribado. Los más directos herederos de aquella intolerancia no podían obrar de otra manera que autorizando a meterle piqueta para sustituirlo, seguramente, por otro ejemplar de esa arquitectura despersonalizada que va borrando poco a poco la memoria de la ciudad que conocimos. Nada ocurre por casualidad. Simplemente, no les conviene la memoria. Salvo que se trate de la placa del Gobierno Militar.

De un Ayuntamiento que corta palmeras para que no se oculten en ellas delincuentes y drogatas cabe esperarlo todo. Especialmente cuando, encima, el principal responsable de la tala se muestra satisfecho de lo hecho. No me quejo, insisto, sino que procuro dejar constancia, por si en el futuro a alguien se le ocurre preguntarse si esta ciudad tuvo alguna vez historia.

Y ya que mencioné lo de Vegueta, Patrimonio de la Humanidad y dos piedras, seguiré con la pretensión de Soria de proponer Gran Canaria para Reserva de la Biosfera. No creo que la cosa merezca comentario ni que nadie se la haya tomado en serio. Los especuladores no han rechistado. Con las cajoneras trepando por las laderas de barrancos y montañas y demás destrucciones, ya me contarán qué va a reservar. Ahí tienen, por ejemplo, al mismo Soria asfaltando carreteras forestales, a pesar de las opiniones en contra. El siguiente paso será ponerle alcorques horteras a los pinos. Y no lo digo de broma en el caso de una corporación que pretende convertir Los Tiles en bosque de regadío, nada menos.

Delenda est árbol

Delenda est árbol Manuel Ramírez Muñoz

La Provincia, 15-8-2004

¡Destruid el árbol!. En lo que respecta a nuestra ciudad, ésta parece ser la consigna que, a golpe de motosierra, está destruyendo la masa arbórea y alterando el microclima urbano. Por desgracia, esto no ocurre sólo en Las Palmas de Gran Canaria. Autoridades y particulares, ante la indiferencia y apatía, consienten o autorizan la tala de bellísimos ejemplares.

No siempre ha sido así. Hubo épocas en que la sensibilidad o el sentido común eran normas que seguían a rajatabla nuestras primeras autoridades. En 1940, el Gobernador de la Provincia de Las Palmas, Plácido Alvarez-Buylla, prohibió tajantemente la tala de árboles a menos que se sustituyera cada árbol por cinco nuevos. En el Paseo de San José, en 1946, las raíces de cuatro eucaliptos invadieron varias viviendas. Dichas raíces dañaron una conducción de agua del Cabildo y otra de la Heredad de Aguas de Vegueta. La propia Heredad solicitó la tala de los eucaliptos y el Cabildo, siguiendo su programa de no consentir "la tala de cualquier especie, si previamente no se lleva a cabo la repoblación de 25 árboles por cada uno que se proyecte talar", autorizó la tala de sólo tres y la Heredad tuvo que plantar 100 cupresus.

"Plantar árboles es rendir culto a la Naturaleza, embellecer el paisaje, y legar el más bello de los preciados tesoros a la tierra patria", decía D. Pérez Núñez en La Prensa el 28 de febrero de 1932. Pensamientos como este deben sonarle extraño a quienes, precisamente, están encargados de velar por un patrimonio forestal que es el de todos, que ha tardado decenas de años en formarse y que, por el capricho o la ignorancia de unos pocos, desaparece en contados segundos. Y con los árboles, han desaparecido los gorriones y las multicolores mariposas que veíamos antaño.

Ahí están, como testigos acusadores, las decenas de alcorques con los que se tropieza uno en cualquier acera de nuestra ciudad, que un día sostuvieron árboles y palmeras y hoy sólo presentan unos miserables muñones que los jardineros municipales no han tenido ni la delicadeza de arrancarlos y cubrilos con el cemento inmisericorde. Como cadáveres insepultos.